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lunes

Accidente Cerebro Vascular

En nuestro país, más de cien mil personas por año sufren un accidente cerebrovascular. Detectar los síntomas y consultar rápidamente al médico reduce los daños. 
Casos que pusieron al ACV en boca de todos y testimonios que permiten hablar de la tan ansiada recuperación

Fuente: www.lanacion.com
Por Mariángeles López Salón 

FACTORES DE RIESGO PARA TENER EN CUENTA  
Tratables o modificables
  • Presión arterial alta
  • Fibrilación auricular (arritmia que produce coágulos en el corazón)
  • Otros problemas cardíacos
  • Colesterol alto
  • Diabetes
  • Tabaquismo
  • Sedentarismo
  • Consumo de drogas (en especial, cocaína)
  • Alteraciones de la sangre
  • Migrañas
  • Procesos infecciosos
  • Alcoholismo
  • Obesidad
  • Dietas ricas en grasas e hidratos de carbono
No modificables
  • Familiares con ataques cerebrales
  • Edad: mayores de 55 años
  • Ataque cerebral previo
Señales o síntomas
  • Debilidad o pérdida de sensibilidad en un lado del cuerpo o de la cara (la boca se tuerce para un lado)
  • Confusión súbita, problemas para entender o hablar claramente (afasia) o dificultades al tragar (disfagia)
  • No ver bien con uno o ambos ojos
  • Dificultad para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibro o falta de coordinación
  • Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad, sin causa aparente
Patricia camina sin temor, pero con cuidado. Paso a paso, en un reaprendizaje que refuerza todos los días. Y volvió a manejar, aunque todavía no se anima a las pistas del gym dance. Son mínimas las secuelas que le recuerdan el accidente cerebrovascular (ACV) que sufrió hace unos meses: sólo un poco de cabello que no termina de crecer para ocultar definitivamente la cicatriz de la cirugía.
El ACV es un episodio neurológico o daño que se produce por obstrucción o por ruptura de una arteria del cerebro. El primero, y más frecuente, es el accidente isquémico, y el segundo, el hemorrágico. Ese es el que padeció Patricia Rodríguez, de 43 años, y que le afectó la movilidad del brazo y de la pierna izquierdos. Un fuerte dolor de cabeza fue su único síntoma, característico del ACV hemorrágico, al que le siguió un desmayo, del que despertó 17 días después.
En el ACV provocado por una isquemia, en tanto, las señales de alerta aparecen en forma súbita: debilidad o adormecimiento repentino de la cara, brazo o pierna -usualmente de un lado del cuerpo-, dificultad para hablar, comprender el lenguaje o tragar; pérdida u oscurecimiento visual en uno o en ambos ojos, visión doble, pérdida del equilibrio o coordinación, mareos o vértigo y trastornos del carácter de aparición rápida, como irritabilidad, impaciencia e indiferencia, y mentales, como olvidos y alteraciones del juicio.
Reconocer los síntomas y hacer la consulta rápidamente es fundamental. Porque, dicen los que saben, el tiempo es oro. La realización de una tomografía computada o una resonancia magnética del cerebro son las herramientas para diagnosticar el tipo y la localización del ataque.
Además, hoy la medicina puede detectar si existe predisposición de un paciente a sufrir un ACV. Estudios como las angiografías por resonancia, las tomografías o el cateterismo permiten ver obstrucciones o malformaciones en las arterias. Los estudios se completan con un ecocardiograma, para descubrir anormalidades de la estructura del corazón o visualizar trombos, y el holter o monitoreo del corazón, para detectar arritmias.
En su momento agudo, el ACV isquémico tiene tratamiento. "Hay una medicación  fibrinolítica [que favorece la disolución de trombos] compuesta por la droga rtPA, que aplicada dentro de las cuatro horas y media de producido el episodio aumenta un 50% las chances de mejoría. Actúa disolviendo el coágulo que tapa la arteria", explica el doctor Sebastián Ameriso, jefe de Neurología Vascular de Fleni y miembro de la Sociedad Neurológica Argentina. Luego de ese tiempo, el daño ya está instalado, el infarto se produjo y es irreversible, aumentando los riesgos de complicaciones y secuelas.
Sólo algunos pacientes pueden ser tratados con rtPA, y depende de una evaluación inicial que incluye exámenes clínicos y de laboratorio, electrocardiograma, radiografía de tórax e imagen del cerebro.
En la Argentina, aunque se presentan más de 100.000 casos por año, la medicación se usa en no más de 200 o 300 pacientes. ¿Por qué? "Hay médicos que lo desconocen, otros temen utilizarla o no saben cómo hacerlo, sin contar los hospitales que no la tienen en stock. Además, no hay una presión de las prepagas o del Gobierno para tenerla disponible porque históricamente se lo ha considerado un medicamento caro, cuando siempre es más costoso que el paciente quede con secuelas y necesite rehabilitación", agrega Ameriso.
Las enfermedades cerebrovasculares son la tercera causa de muerte en la Argentina, según los datos de 2008 proporcionados por la Dirección de Estadísticas e Información del Ministerio de Salud de la Nación. Las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte, seguida por los tumores malignos. Ese año, 19.365 personas fallecieron por enfermedades cerebrovasculares en el país.
Y el índice de prevalencia de ACV en nuestro país es, según la Sociedad Neurológica Argentina, de alrededor de 126.000 casos por año.
Otro dato importante: es la primera causa de discapacidad en adultos. Y puede ser letal cuando las lesiones son extensas y aumentan la presión dentro del cerebro o comprometen centros que regulan la respiración, la presión arterial y la frecuencia cardíaca del paciente.
Malos hábitos
Mejor prevenir que curar. Y nada es más acertado cuando se trata de un ataque cerebral, como prefiere llamarlo la doctora María Cristina Zurrú, directora de la sección de Enfermedades Cerebrovasculares del servicio de Neurología del Hospital Italiano, miembro titular de la Sociedad Neurológica Argentina y del Consejo de Stroke de la Sociedad Argentina de Cardiología. Porque "de accidente tiene poco al poder prevenirse".  
¿Quiénes son más propensos a sufrir un ACV? Los pacientes que presentan factores de riesgo vascular. Entre estos, el más importante y modificable es la presión arterial alta, porque se sabe que el control adecuado de la hipertensión reduce el riesgo en un 40 por ciento. Pero, también, el colesterol aumentado, la diabetes, las patologías cardíacas que predisponen a la formación de trombos, las obstrucciones severas de las arterias del cuello, el hábito de fumar, el sedentarismo, el consumo de drogas, el alcoholismo, la obesidad y las dietas ricas en grasa e hidratos de carbono pueden incidir. Son predisposiciones controlables y fácilmente identificables. Por eso, es fundamental tomar conciencia.
"Si se hace un control periódico, muchos de esos factores se pueden detectar cuando comienzan a producirse y, si se controlan precozmente, se reduce en forma significativa el riesgo de que la persona tenga un evento cerebrovascular", señala Zurrú.
Existe otro factor, quizás el más importante de todos, pero imposible de modificar, que es la edad. "A partir de los 55 de años el riesgo es mayor y se duplica cada década posterior -dice Ameriso-. Aunque también se puede dar en gente joven."
Sin embargo, es considerable lo que se desconoce sobre las causas. Por ejemplo, indica Ameriso, una persona puede ser hipertensa durante 20 años y hoy se despierta con un ACV. Hay mucho sobre el mecanismo gatillo precipitante que no se conoce. 

Síntomas y después
Aparece en forma súbita, instantánea. Los ataques cerebrales isquémicos pueden ser transitorios, en episodios que duran minutos, menos de una hora, y que se revierten completamente. "Hay que hacer la consulta enseguida, porque tener un episodio transitorio es una señal muy precisa de un alto riesgo de tener otro ataque cerebral", insiste Ameriso. La consulta médica es una oportunidad para saber qué está mal y prevenir. En los ataques completos e instalados, el traslado a un centro de salud debe ser inminente.
El ACV puede originarse por diversos mecanismos: "Los más frecuentes son los infartos pequeños, llamados lagunas, que se originan fundamentalmente por efecto de la hipertensión arterial en forma crónica; los cardioembólicos son los generados por coágulos o trombos producidos en el corazón que migran a la circulación cerebral y también se pueden originar por complicación de la ateromatosis [depósito de colesterol, calcio y fibrina] de grandes arterias, como son las carótidas. Los pacientes jóvenes pueden tener mecanismos infrecuentes, como trastornos de la coagulación, rupturas arteriales, enfermedades inflamatorias que comprometen las arterias, causas hereditarias, etc. El poder determinar el origen o los factores de riesgo vascular asociados al ACV es de suma importancia; esto ayuda a instrumentar un tratamiento adecuado y prevenir un nuevo evento vascular", detalla Zurrú.
Si el ACV se produjo, por ejemplo, por una endocarditis bacteriana (infección del revestimiento de las cámaras y válvulas del corazón) que generó una embolia -dice el doctor Schapira-, se busca curar primero la infección porque así la posibilidad de rehabilitar es más alta. Si la causa es una fibrilación auricular, primero se trata la arritmia.
En el caso de Patricia, la rehabilitación comenzó en la clínica en la que estaba internada, y siguió en Hirsch, Centro de Excelencia para Adultos Mayores y Rehabilitación, en San Miguel. Pasó rápidamente del andador al bastón, y en 15 días llegó a su casa caminando, sin asistencia. "Soy un milagro de tantas cadenas de oraciones", repite la mamá de Bárbara, de 17 años, y de María Paz, de 5.
La rehabilitación comienza una vez finalizado el ataque, cuando el paciente está médicamente estable, y depende siempre de la extensión de la lesión cerebral. "Lo más importante tiene que ver con el tiempo transcurrido desde el evento. En las etapas iniciales, la probabilidad de recuperación es mayor y, a medida que transcurre el tiempo, si no se va recuperando la capacidad, la posibilidad de volver a desempeñarse de la misma manera como se lo hacía anteriormente es algo menor", opina Moisés Schapira, director médico del centro Hirsch y médico especialista en geriatría y medicina familiar.
En general, es fundamental la rehabilitación en equipo, con un kinesiólogo que trabaja la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación; el fonoaudiólogo, que se concentra en el habla y la deglución; un terapista ocupacional que se enfoque en la recuperación de las actividades de la vida diaria y un nutricionista. Además de neuropsicólogo, neuropsiquiatra y de los especialistas que tratan las complicaciones que puedan surgir. Los pacientes que han sido activos, deportistas y hayan cuidado el cuerpo antes de un ataque cerebral tienen ventaja, porque la masa muscular ejercitada mejora la rehabilitación.
 "Hoy se ha ganado mucho en tecnología y en criterio científico. Además, se busca estimular la plasticidad neuronal, que es la capacidad que tienen ciertas zonas del cerebro que no están en uso", agrega Ameriso.
Accidente cerebrovascular, embolia, ataque cerebral, hemiplejía, coágulo en el cerebro, ictus, stroke... Distintos nombres para una patología que puede prevenirse.

 

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