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lunes

Qué es la NO DIETA?

La dieta no educa, no promueve cambios; frustra, llena de culpa y produce efecto rebote. En cambio, un plan de alimentación apunta al cambio progresivo de hábitos y de estilo de vida. Educa al paciente, lo motiva y, al mismo tiempo que le permite bajar de peso, constituye un proceso de aprendizaje.


En Nutricionalmente trabajamos en forma interdisciplinaria, escuchando las necesidades especificas de cada paciente, su recorrido previo y teniendo en cuenta el conocimiento que cada uno trae.
Apuntamos al cambio de hábitos, acompañando y motivando un estilo de vida saludable.





miércoles

La alexitimia

Padecido por más hombres que mujeres, este síndrome afecta la salud física y psíquica.
Fuente: www.clarin.com
Por Walter Ghedin
Cuando no tenemos capacidad de reacción frente a los conflictos y dejamos que la “la
procesión pase por dentro”, es el cuerpo el que registra este proceso y el que sufre las consecuencias. Un hombre padece el constante acoso moral de su jefe, sabe lo que le ocurre, pero aparentemente no siente ira. Esa emoción no expresada, con el tiempo se vuelve un síntoma físico, por ejemplo, colon irritable. Este es uno de los síntomas en que se manifiesta la alexitimia, un mal que afecta a las personalidades ansiosas o a los que parecen fríos o “desapegados”.

La palabrita -alexitimia- viene del griego y nombra la dificultad para reconocer, nombrar y comunicar   sentimientos y diferenciarlos de las sensaciones corporales. El término fue introducido por el psiquiatra norteamericano Peter Sifneos, como resultado de una investigación sobre pacientes afectados por enfermedades psicosomáticas:ninguno de ellos podía poner en palabras sus emociones. 

Para Alejandro Schujman, licenciado en Psicología, esta incapacidad para expresar y describir sentimientos está relacionada con la adicción que muchas veces generan Internet y las nuevas tecnologías, especialmente las redes sociales como Facebook. “Cuando el “te amo” pasa a ser ‘un comunicado de prensa’ en el estado del Facebook, lo que queda por fuera es lo esencial de la intimidad, imprescindible en el plano del amor.

Las serenatas de hoy son manifestaciones virtuales para que los testigos de los monitores presencien y den fe del sentir. La virtualidad esconde, si es mal utilizada, uno de los tesoros más ricos del ser humano: la espontaneidad y el hermoso riesgo de interactuar y de sentir. Quienes quedan escondidos tras dispositivos sofisticados, se pierden ellos mismos en la maraña de la red”, sostiene Schujman.

La alexitimia condiciona las relaciones entre los individuos. “Hoy en día, sobre todo en medios urbanos, la comunicación afectiva en la conquista amorosa es necesaria y bien valorada. Un hombre con escasas habilidades emocionales, no sólo será ‘corto’ de palabras, sino que carecerá de recursos de atracción. Los medios laborales también ponen el acento en rasgos de sociabilidad, simpatía, seducción, a la hora de contratar a su personal y aún en trabajos solitarios o de escaso contacto con el público las pautas de sociabilidad son tenidas muy en cuenta para favorecer a la integración grupal”, señala el psquiatra Walter Ghedin. Y describe: “La alexitimia es un síntoma que se presenta en diferentes trastornos psiquiátricos. Trastornos obsesivos de la personalidad, desórdenes alimentarios, adicciones, depresiones y también en cuadros orgánicos como secuelas de accidentes cerebro-vasculares, enfermedad de Parkinson o trastornos del espectro autista. Para algunos autores también aparece en personalidades perfeccionistas, obsesivas, solitarias o ansiosas”. 

Ellas y ellos
La alexitimia se presenta, aproximadamente, entre un ocho a un diez por ciento de la población y por cada 10 varones con este problema sólo hay dos mujeres que lo padecen. “La explicación de esta diferencia de género se debería a que la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales femeninos cuenta con mayor cantidad de fibras de interconexión que pasan por una estructura cerebral denominada ‘cuerpo calloso’ (una especie de puente entre los dos hemisferios). El cerebro derecho “siente” los afectos y el izquierdo “los reconoce y les pone palabras”. Es decir, que las mujeres estarían mejor predispuestas por la biología a convertir sus emociones en expresiones gestuales y en lenguaje”, puntualiza Ghedin.

Existen dos clases de alexitimia: primaria (originada en predisposiciones genéticas o anomalías neurológicas) y secundaria (generalmente asociada a un trastornos psiquiátricos). El tratamiento y el pronóstico dependerán de estos antecedentes. Algunos síntomas identificables en las personas con alexitimia son también la gastritis o ulcera gastroduodenal, psoriasis, caída del cabello, asma, alteraciones del ritmo cardíaco y contracturas musculares, entre otras. 

“El diagnóstico de la personalidad de base es fundamental. Los abordajes psicológicos ayudan a la persona a flexibilizar las defensas y a reconocer la riqueza emocional reprimida o negada. No obstante, y más allá de los casos clínicos, existe el desafío de defender las emociones como un aspecto fundamental de la subjetividad. Las emociones no morirán porque conforman la esencia humana. Sin embargo, hay mucho por hacer: recuperar la intensidad, el compromiso afectivo con uno mismo y con los otros y la tristeza cuando es necesario”, concluye Ghedin. 

Alexitimia: cuando los afectos no tienen palabras

Es la imposibilidad de nombrar las emociones. La padecen mucho más los hombres que las . En general, se relaciona con la influencia de un entorno nocivo y actúa como un mecanismo de auto-protección psíquica.   
Hay dos tipos diferentes de Alexitimia:
Primaria. Se debe a una predisposición genética o anomalías neurológicas dadas al nacer.
Secundaria. Es la más frecuente. Aunque existe una vulnerabilidad de base, los factores externos de índole traumática serían las causas principales. La influencia de un entorno nocivo movilizaría en la persona mecanismos defensivos (represión, negación) para preservar su integridad psíquica con el ocultamiento de su mundo emocional.

Se pueden considerar distintos aspectos del fenómeno alexitímico:
1)      Problemas para reconocer y expresar el contenido afectivo de las emociones.
2)      Pobreza de fantasías e imaginación.
3)      Dificultades para diferenciar sensaciones corporales de emociones.
4)      Estilo de conocimiento dirigido hacia lo externo y concreto.
5)      Conformismo y aceptación de patrones sociales pre-establecidos.
En las personas con alexitimia son frecuentes las quejas psicosomáticas (dolores erráticos, colon irritable, afecciones dermatológicas) así como las dificultades para el control de los impulsos (atracones bulímicos, reacciones explosivas de ira, etc.). En general son caracteres con rasgos rígidos de comportamiento, sobrecarga de exigencias laborales, familiares o de pareja. En la historia de estas personas es frecuente comprobar carencias afectivas o historias de violencia o abuso que inciden, insensiblemente, en la construcción del mundo emocional.
Ante la pregunta: ¿qué sentís? Siempre se responde “no sé”, casi como una muletilla que evidencia el desconocimiento de los afectos. Nadie puede conocer su mundo interno y, por eso, siempre dan la imagen de herméticos, indiferentes, apáticos o ansiosos.
El diagnóstico de la personalidad de base es fundamental. Los abordajes psicológicos ayudan a la persona a flexibilizar las defensas y a reconocer la riqueza emocional reprimida o negada.

Hambre o apetito?

Comer como un recién nacido

POR DR. JUAN MARTÍN ROMANO 

Practicar la atención plena permite reaprender a reconocer las sensación de hambre real. Aquí, las claves para evitar excesos y trastornos alimentarios.
El “hambre real” es la señal biológica que nos envía el cuerpo para avisarnos que hay poca glucosa circulando en sangre y que tenemos que cubrir esa necesidad. Así y todo, los seres humanos comemos por razones diferentes a este hambre real.
Hay diferentes desencadenantes que nos llevan a comer sin sentir hambre verdadero. Se los puede distinguir como disparadores físicos: (comer por estar cansado, por tener sed, por estar con dolor); desencadenantes emocionales (comer por  estrés, angustia, soledad, aburrimiento o bien felicidad); culturales (es la hora de almorzar y es costumbre sentarse a la mesa a comer); ambientales (la publicidad que te incita a probar alimentos, reuniones de trabajo donde hay comida tentadora), entre otros.

La práctica de mindfulness mejora el reconocimiento y percepción de los mensajes de nuestro cuerpo y nos permite observar nuestro propio sistema de creencias, diálogos internos y juicios. Si nos referimos a la conducta alimentaria, esta práctica hace consciente nuestros deseos e impulsos que nos llevan a comer casi sin darnos cuenta, aun sin estar hambrientos. Muchas veces se trata de comportamientos tan arraigados que nos acompañan desde hace tiempo, sin que nos tomemos el tiempo para reconocerlos y examinarlos.

La médica Michelle May, autora del libro “Eat what you love, love what you eat” ("Come lo que amas, ama lo que comes"), lo explica diciendo en su libro: “Si no tenés hambre cuando empezas a comer… ¿cómo te das cuenta cuando tenés que detenerte?”. Así se refiere a la importancia de reconectarnos con las señales internas para poder volver a confiar en la sabiduría de nuestro propio cuerpo, y así volver a comer de manera instintiva, como lo hacen los recién nacidos.
Algunas señales que indican la aparición de hambre son tan sutiles que es posible que no se identifquen con facilidad si no se está habituado. Para identificarlas, es necesario volver a reconocerlas y conectarse con ellas, para poder aprender a detenerse a tiempo. 
Cómo lograrlo
Focalizar la atención en lo que realmente se quiere hacer. Si se está considerando mejorar la relación con la comida, una buena oportunidad para ponerse a prueba es cuando se asiste a una reunión social, donde la celebración esté fundamentada con comida. Las siguientes estrategias ayudan a ingerir sólo lo que el cuerpo necesita:

1. Redireccionar la atención
Apenas se llegue a la reunión,elegir mantenerse lejos de la vista y aromas de comida; esto permitirá darse cuenta cuánto hambre real se está sintiendo. Pueden destinarse los primeros momentos de la llegada para saludar a los conocidos o recorrer el lugar. Mientras tanto, uno se da la oportunidad de reconocer cuál es su nivel de hambre (sin hambre, muy poco hambre, muy hambriento) y así decidir cuánto se va a comer durante el trascurso del evento. Este primer momento es adecuado para reconectarse con las señales del cuerpo y entrar en contacto con el interio de unor.

2. Tomar 3-4 respiraciones atentas
Una buena manera de comenzar a sintonizar con el interior y con las verdaderas necesidades, es realizar una serie de respiraciones conscientes, que ayudarán a captar el nivel de hambre. A veces, el hecho de ir al baño resulta una excelente excusa para estar solos y realizar ésta percepción.

3. Conectarsee con las sensaciones de tu estómago
Como al hambre se lo puede reconocer como una sensación física, es posible conectarse con él apoyando la palma de la mano derecha sobre la zona que ocupa el estómago, justo por debajo del reborde de las últimas costillas del lado izquierdo. Se puede comparar al estómago con un globo. Tiene el tamaño de la palma de la mano. Cuando vamos ingiriendo alimentos, tiene la capacidad de aumentar su volumen. Tratar de reconocer qué tan lleno está, en este momento.

4. Preguntarse: ¿Tengo hambre?
¿Qué sensaciones físicas es posible identificar en este momento? ¿Se sienten ruidos, murmullos o retorcijones en el estómago? ¿Se siente el estómago vacío, lleno o atiborrado de comida? Tal vez se advierta que no se tiene apetito (uno no se siente ni lleno ni con hambre).
5. Notar otras sensaciones física en busca de hambre
¿Uno se siente nervioso, inquieto, mareado o débil? ¿Estas son sensaciones de hambre o puede tratarse de otra cosa? ¿Se siente cansado o con sed? ¿Se puede hacer consciente alguna tensión, disconfort o dolor?

6. Observar los pensamientos
Reconocer los propios parloteos y monólogos internos que nos autorizan a comer. Tratar de reconocer las propias excusas que invitan a seguir comiendo, por ejemplo: “Ya pasaron 2 horas del postre, tengo que comer algo…”. Cuando se duda si se está con hambre, lo más probable es que no se lo tenga.

7. Darse cuenta de las emociones presentes
¿Qué emoción se está experimentando en este momento? Dejar pasar las emociones o pensamientos negativos relacionados a las sensaciones de hambre. Sólo se trata de mensajes del cuerpo que nos avisa que debemos satisfacerla.

El entrenamiento de mindfulness nos demuestra las posibilidades y alcances para sostener cambios en la alimentación, junto con la constancia de una actividad física gratificante.

jueves

Juego entre padres e hijos

La psicóloga Maritchu Seitún, autora del exitoso libro "Criar hijos confiados, motivados y seguros", habla de la importancia de jugar con nuestros hijos y de escuchar sus deseos y necesidades. Además, cómo acompañarlos y sostenerlos en la frustración y el dolor, estimulando su autoconfianza y fortaleza interna. 
Fuente: www.entremujeres.com
Por: Georgina Elustondo

¿Qué se les juega a los chicos en los juegos de la infancia?
Se les juega el descubrimiento del mundo, el crecimiento, la maduración, el humor, la elaboración de situaciones problemáticas y, por lo tanto, la salud mental. También, el aprendizaje, la socialización, es decir que se les juega... ¡la vida!

¿Hay algún juego que sea muy determinante en el crecimiento? ¿Los proponemos los padres o los "traen" los chicos?
Los chicos traen los juegos. De todos modos, es bueno que sepamos cuáles esperar para poder estimularlos si por algún motivo no lo hacen. A veces los adultos interrumpimos los juegos sin darnos cuenta de su importancia madurativa y tras dos o tres experiencias de ese tipo los chicos pueden abandonarlos: cuando un bebé de ocho meses tira la cuchara al piso la mamá seguramente se enoje y lo rete porque no sabe que ese bebé está jugando a hacer desaparecer no solo la cuchara sino a su mamá (que se agacha a buscarla), para después recuperar a ambas creyendo que fue él el que logró esa magia de que su mamá y la cuchara reaparezcan. "¿Dónde está? Acá' ta" es otro juego clásico de los bebés que no siempre alentamos o favorecemos.
De todos modos, tenemos que estar especialmente atentos a la aparición, antes de los tres años, del juego de representación o de roles (a la mamá, a la maestra, a los policías, vendedores, etc.) y sería muy bueno que favoreciéramos ese juego durante unos cuantos años. Hoy, si es que aparece, pierde vigencia cada vez más pronto, por lo atractivos y adictivos que resultan los jueguitos electrónicos, los dibujos animados, y también por los juegos de competencia, que cada vez empiezan más temprano....

En tu libro decís "el juego es un antibiótico para las afecciones del alma". ¿Por qué?
Porque los chicos se 'curan' jugando, haciendo a otros lo que sufrieron ellos, repitiendo situaciones para dominarlas, del mismo modo que los adultos hablamos y contamos lo que nos pasa todas las veces que sentimos la necesidad de hacerlo, hasta que logramos procesarla (por ejemplo, contamos una operación, un parto, una pelea o el asalto que sufirmos en la calle). Ellos hacen lo mismo ¡jugando!

A veces los padres no advertimos la importancia de jugar un rato con los chicos. En tu libro das consejos sobre cómo reservar un rato para ellos, corto pero bueno, útil (para ambos). Hablás de "floor time"... ¿Nos contás de qué se trata?
Que los adultos detengamos nuestra vida "seria e importante" para concederles unos minutos por día de nuestro tiempo los hace sentir valiosos, importantes, se construye un espacio de intimidad que dura en el tiempo, y a su vez a los padres nos organiza. Cuando tenemos más de un hijo puede ocurrir que estemos siempre apagando incendios de alguno de ellos, atentos al más demandante o con más problemas, y quede de lado el chico que no trae problemas, que no por ello tiene menos necesidad de presencia de padres y de tiempo de intimidad con ellos.

Los chicos todo el tiempo nos dicen "mirá mamá, mirá papá". ¿Por qué lo hacen y por qué es importante que respondamos a esa necesidad?
Porque necesitan sentirse valiosos para nosotros y mostrarnos las "genialidades" que hacen (tan geniales como saltar en un solo pie...), y no les alcanza con una sola vez. Cada vez que respondemos y miramos fortalecemos su autoestima y favorecemos sus conexiones neuronales, porque el cerebro necesita esa retroalimentación positiva frecuente, inmediata (y no "¡ya voy!"), específica (que realmente se note que vi lo que hizo) y no crítica.

viernes

¿Cuándo es malo el estrés?

Por: A. M., C. R. y J. D. *

UN CONCEPTO QUE ARTICULA LO PSIQUICO Y LO SOMATICO

Si bien los seres humanos transitamos realidades complejas y cambiantes que nos demandan permanentes esfuerzos de adaptación, la mayoría de las situaciones por las que rutinariamente atravesamos nos resultan familiares y poco problemáticas. Nos hemos habituado a ellas a lo largo de nuestras historias de aprendizajes. Nuestros cerebros, incansables máquinas de otorgar sentido, han detectado las regularidades de nuestros entornos y, anticipadamente, movilizan recursos en favor de nuestra adaptación sin que nosotros tengamos noticia de ello. No obstante, en ocasiones, algunas dificultades sobrepasan los recursos ordinarios con los cuales cuenta el organismo. Entramos entonces en un proceso de estrés, esto es, disponemos de recursos extraordinarios para hacer frente a demandas extraordinarias. Desde esta perspectiva, el estrés no es de suyo algo negativo ni perjudicial para nuestra salud; por el contrario, más bien se revela como un proceso favorable que mejora nuestra performance en circunstancias atípicamente más dificultosas. Hasta acá, todo parece funcionar bien; pero sabemos ya que este cuadro se encuentra incompleto. Entonces, ¿cuándo es dañino el estrés?
Responder a esta pregunta lleva inevitablemente a recalcar la raigambre evolutiva del proceso de estrés. Recordemos que se trata de una respuesta defensiva arcaica que prepara al organismo para luchar o huir. Claro está que los humanos modernos rara vez resolvemos nuestros problemas escapando o luchando físicamente, lo cual torna a la respuesta de estrés algo anacrónica. No obstante, una sobreactivación momentánea y pasajera puede resultarnos útil, mas no si ella se vuelve muy intensa o duradera. Allí radica la clave del estrés patológico. Se trata de una cuestión predominantemente cuantitativa. El estrés es perjudicial si es crónico, vale decir, si el proceso no se detiene, sometiendo a nuestro cuerpo a un sobreesfuerzo prolongado. Es entonces que afectará negativamente nuestra salud. Particularmente, dos son los sistemas más perjudicados: el cardiovascular y el inmunológico.
El proceso de estrés se inicia cuando nuestro cerebro decodifica una situación como potencialmente peligrosa. En un plano neural esto significa que se activa la amígdala, núcleo que subyace en la parte profunda de los lóbulos temporales de los hemisferios cerebrales y que posee una suprema capacidad de regular las respuestas autonómicas y endocrinas. En situación de estrés, la amígdala estimula a la hipófisis, también llamada glándula maestra por su función de regular a las demás glándulas. La hipófisis genera una cascada hormonal que finaliza con la secreción de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) al torrente sanguíneo. Tales sustancias impactarán en el sistema cardiovascular aumentando tanto la frecuencia cardíaca como la presión sanguínea, reacciones que, puestas en la perspectiva evolutiva del estrés, representan una ventaja. De ahí que el sistema cardiovascular sea uno de los perjudicados por el estrés cuando este se perpetúa por largos períodos.
La hipertensión y la taquicardia crónicas son dos consecuencias típicas a largo plazo que, si se suman a hábitos nocivos como el sedentarismo, el tabaquismo o una mala alimentación, predisponen fuertemente al infarto de miocardio o accidentes cerebrovasculares, dos desenlaces fatales característicos del estrés sostenido.
Parte del tratamiento del estrés radica en técnicas del control de la activación, como la respiración abdominal o la relajación muscular profunda, cuyos mecanismos fisiológicos son antagónicos a los del estrés. De esta manera, el restablecimiento de una respuesta cardiorrespiratoria adecuada a corto plazo, fruto de la respiración abdominal, irá incrementando a largo plazo el equilibrio en el organismo mediante la activación de la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo; esto a su vez decrementa el nivel de estrés.
La práctica regular de la relajación provoca cambios estables en el cuerpo, los cuales ayudan a amortiguar futuras situaciones estresantes. En suma, las técnicas de manejo de la activación entrenan al organismo a reaccionar de manera menos intensa ante los estresores. Asimismo, como hemos afirmado arriba, el estrés afecta al sistema inmunológico. La misma hipófisis ordena a la corteza suprarrenal que libere cortisol, una hormona que cumple varias funciones en la regulación de la respuesta de estrés: genera un estado de alerta y vigilia que facilita la atención focalizada en la potencial amenaza, gatilla mecanismos analgésicos y antiinflamatorios por anticipación de posibles heridas en la lucha, etcétera. Pero lo que nos interesa destacar es el poder inhibitorio que el cortisol tiene sobre el sistema inmune. De alguna manera, se trata de un ahorro de energías pues, en un momento de estrés, resulta más importante defenderse de un peligro externo que de uno interno.
A largo plazo, vale decir, con un proceso de estrés crónico, ello puede conducir a inmunosupresión, consecuencia altamente peligrosa pues deja expuesta a la persona a la proliferación de virus y bacterias. Esto explica por qué en las personas estresadas hallamos tan típicamente manifestaciones difusas como dolores musculares, febrículas, irritación recurrente de garganta, ganglios inflamados, decaimiento, fatiga, cansancio. Todos ellos son síntomas muy similares a los de una infección viral o a sus efectos recientes. No obstante, en este caso, más se deben a la alteración en el funcionamiento inmunológico resultante del estrés.
En consonancia con esto, las hipótesis acerca de la etiología de muchas enfermedades incluyen cada vez más al estrés como un factor causal crítico, con igual o incluso mayor peso que las variables biológicas. Dado que el estrés constituye un síndrome complejo, con manifestaciones cognitivas, emocionales, conductuales y somáticas, su diagnóstico y tratamiento deberán conducirse integralmente, en todos los niveles afectados. Los psicólogos clínicos deberíamos estar entrenados en detectar no sólo los signos y síntomas “estrictamente” psicológicos, sino también las señales corporales consideradas tradicionalmente campo de la medicina. Por supuesto, la inversa también vale; esto es, los médicos deberían saber leer las variables psicológicas de muchos trastornos físicos. En verdad, a raíz del terreno mixto en el que se insertan el estrés y sus consecuencias, su adecuado abordaje impone la necesidad de interconsultas entre profesionales del campo de la medicina y la psicología. Por ello, el conocimiento científico consensuado y actualizado, con la exactitud diagnóstica y la precisión conceptual y lingüística que permitan la comunicación interdisciplinaria, se revelan como herramientas ineludibles.

* Texto extractado del trabajo “El impacto del estrés sobre la salud física”, publicado en Revista de Terapia Cognitivo Conductual, Nº 18.

lunes

El placer en los tiempos de dieta

HEDONISMOS La oferta publicitaria dirigida a las mujeres gira en torno de la restricción y el alcance de un ideal que, lejos de estar relacionado con el placer, toca el filo de la escasez y el reemplazo de lo rico por lo diet. Por eso, mejor elegir siempre el pote verde e ir al baño seguido para llenar esa expectativa plagada de significantes que es la panza chata. De goce, disfrute y abundancia mejor no predicar nada que tenga que ver con lo femenino. Sin embargo, parece haber un camino histórico en que las mujeres festejamos chocando copas y tomando hasta el amanecer, comemos como nos gusta y gozamos del cuerpo que tenemos. Para tramar la historia y definir los destinos de las mujeres todavía parece necesario hacer una reivindicación del placer por el placer mismo, sin excluir nada: ni la comida ni la bebida, ni el sexo ni el amor.

De los griegos sabemos que eran animales políticos, que se juntaban en banquetes orgiásticos que duraban varios días y que fundaron las bases de la res publica de esa manera tan perfecta e ideal que la historia luego probó compleja de replicar, al punto de que lo suyo siempre es modelo y lo que vino después siempre pareció ser copia. También sabemos que amaban a los dioses y veneraban el cuerpo masculino, que quien no vivía en la polis no era ciudadano y por eso era un bárbaro, y que la esclavitud era necesaria para la buena vida. Pero poco se sabe del rol de las mujeres en esa sociedad tan iniciática y fundamental, donde desde Heráclito y Parménides hasta Zenón y Aristóteles fundaron las bases de buena parte de nuestro modo de ver el mundo. Sí se sabe que la madre de Sócrates era partera y que de ahí viene ese particular método que Platón le hace tener a su interlocutor de cabecera: la mayéutica o pregunta tras pregunta, hasta que quien responde “da a luz” un conocimiento nuevo. Pero sobre cómo daban a luz las griegas, cómo se relacionaban entre ellas mientras ellos se iban a la guerra y cómo se enriquecían de los mitos, sabemos poco, tal vez porque la historia, en general, está escrita por varones. La socióloga María Josefina Cerutti se propuso desandar ese camino y llegar a esas fiestas llenas de desborde y locura, una especie de carnaval de los sentidos que eran las celebraciones dionisíacas donde ellas bailaban hasta caer rendidas, comían como querían y tomaban todo lo que podían con tal de pasarla bien, algo que 2500 años después no sólo es difícil de rastrear en la bibliografía sobre una cultura tan determinante, sino que es casi imposible de concebir hoy como un ideal asociado a lo femenino. No por nada, Mirtha Legrand no prueba bocado de las delicias que hicieron de sus almuerzos, las tapas más vendidas de las revistas femeninas siguen siendo las dietas en sus versiones más remixadas y existen reality shows donde el objetivo es bajar de peso, incluyendo prácticas de tortura en pleno siglo XXI con tal de que los participantes se ajusten al canon de armonía que presupone el 90-60-90. Y las excepciones son justamente eso, excepciones. Porque si bien existe una Beth Ditto, la líder del grupo The Gossip, lo es a fuerza de mucha “onda” (característica que tiene que tener la gordita si quiere pertenecer), y sólo parece haber lugar para ella sola. Lo mismo pasa con las campañas para “mujeres reales” que impulsan marcas como Dove, Natura o Ver, excepciones que resaltan con amarillo flúo la silueta que hay atrás de todo lo demás: las heroínas de las series, las modelos de pasarela, la chica linda del curso y la buena de la novela de la tarde, todas ellas son flacas y ninguna se baja un porrón de cerveza o almuerza frente a la tele un plato de fideos bien cargado de queso con un vaso de vino sólo por placer: lo hace si está deprimida, como tan bien mostraron las chicas de Sex and The City. Cuando Samantha llega al cenit de su pareja más larga y la perspectiva de esperarlo desnuda servida como un plato de sushi es frustrada por la rutina, ella no para de tragar y los kilos de más son escudo para no acostarse con el vecino sexy. Sobre eso indaga la nutricionista Mónica Katz, abriendo el paradigma de las dietas de hambre para pasar a un plan de vida que incluya el placer de comer lo que nos gusta sin por eso bajar rodando como chancho de la montaña del exceso.

La anti dieta

“En una dieta de hambre, hay rebote”, dice Katz como un mantra que repite a todas las que se sientan en su consultorio. Pero sabe que la experiencia no es para cualquiera, porque ya vio varias veces cómo eternas dietantes acostumbradas a que la palabra NO sea la primera al rondar la heladera, la miran horrorizada cuando ella les propone comer lo que les gusta. No es el único mito que derriba, para ella no sirve contar las calorías, una comida tiene que ser lo que entra en el plato. Punto. Y ejemplifica de una manera muy astuta en el libro que cuenta su método No Dieta. Puentes entre la alimentación y el placer (Del Zorzal/Planeta): si Barbie fuera una mujer sería infértil, con esas medidas y esa altura una mujer de carne y hueso se habría privado de tantos nutrientes que no sólo no tendría energía para hacer el amor, sino que probablemente no podría tener hijos. Las mujeres pobres de India hoy comen 1400 calorías por día, en la hambruna de Holanda de los años ’40 se comían 1600, en el gueto de Lotz hasta 1200 y en el campo de concentración de Treblinka, 900 calorías diarias. De solo pensar que hay dietas que gozan de buena salud publicitaria que proponen 600 por día, basta entender que algo anda mal. “No podemos plantear que algo que históricamente se asoció al maltrato y la tortura, es un tratamiento para sentirnos bien”, dice Katz y explica el mecanismo por el cual el cuerpo no distingue que lo que está pasando cuando nos privamos de alimento es que estamos en un campo de concentración o queremos ponernos la mallita en el verano. En los dos casos, el cerebro hace lo mismo: se pone como loco porque tiene miedo que no ingresen más calorías, baja el gasto (es decir saca energía) y da la orden de hambre. El cuerpo es sabio, dice Katz en su libro, si da la orden es porque está en alerta, por lo tanto comer es una pauta para estar sanos siempre, pero más allá de eso, que puede ser una premisa médica, está el placer, que Katz asocia a la libertad de elegir. Su descubrimiento de la No Dieta se remonta a los ochenta, cuando trabajaba en el servicio de nutrición del Hospital Durand y se había especializado en diabetes. Allí las mujeres iban desesperadas para pedir una dieta que compensara el exceso de peso que les provocaba la insulina, sobre todo las llamadas diabéticas lábiles, aquellas que tenían controles glucémicos malos y que se internaban descompensadas con cetoacidosis, que es lo que se propone hacer hoy con algunas dietas que sacan completamente los hidratos: estar enfermas para bajar de peso. “Empecé a ver que entre los diabéticos lábiles muchas veces había mujeres jóvenes que además de diabetes querían un cuerpo cómodo, y empecé a darles a estas mujeres jóvenes un bombón de chocolate por día. Esto ahora puede parecer una pavada pero en los ’80 no se les daba azúcar a los diabéticos, entonces yo lo hacía sin contarle a mi jefe, era una práctica secreta. Las corregía con un poquito de insulina pero les daba ese permitido por día. Mágicamente les legalizaba el placer y las chicas se descompensaban menos, tenían mejores controles de glucosa. Ese fue el primer indicio de que algo estaba mal en la regulación de alimentos que dábamos. Ahí nace No Dieta”, dice y explica que si prohíbe todo, la paciente lo come igual pero a escondidas, y cuando tiene que subirse a la balanza no cuenta con esos falsos permitidos que se atracó a la madrugada entre tanta privación. “Lo de permitir es mágico, es liberador, hay días que no lo comen directamente, pero para decir que no a algo tenés que tener la posibilidad de hacerlo”, dice y desde su experiencia en consultorio entiende que hacer dieta es una cuestión de pertenencia en muchos casos. “Con mi equipo hicimos un estudio en universitarias/os de todo el país y concluimos que el 30 por ciento están a dieta permanente pero sólo la mitad de ellos lo necesita realmente. Estamos sometidos a ideales estéticos absolutamente radicalizados y la delgadez atraviesa todos los ideales. Qué psicótico es un mundo donde frente a una epidemia mundial de obesidad expone a la gente a imágenes inaccesibles para la mayoría: eso para mí es violencia de género”, dice, porque la mayor presión se ejerce sobre las mujeres y cuando aparece una exponente gorda es eso, una excepción. El mandato cultural es tan fuerte que no hace falta que nadie nos diga nada, vamos solitas” y ejemplifica con la actriz Nancy Dupláa, “una mina exitosa, con tres hijos, que ronda los 40, ¿qué más le piden que sea? Flaca como una modelo”.
Para Katz, hay dos tipos de mujeres: está la que de verdad está gorda, tiene complicaciones, dolores, diabetes, lo que ella llama una “obesidad médica”. “Pero después tenés un grupo de diosas que se sientan y dicen ‘tengo rollos’. Hace años yo era sincera, les decía ‘vos no necesitás dieta’ pero se iban de mi consultorio a la dieta de 600 calorías, a la semillita en la oreja, etcétera. Hoy con alguien que demanda tratamiento y no lo necesita trabajamos en eso, y le armamos un plan. Empoderamos a la paciente a través de ejercicios, listas de compras, etc. y después las largamos, pero para cambiar se necesitan 6 meses, en tres semanas no hacemos nada”, dice.
El plan de No Dieta se basa en dos elementos fundamentales: uno es que nacimos con derecho a comer rico. “Alguna gente llora cuando le digo esto y no lo hace, no pueden, le demonizaron tanto los dulces y los hidratos que piensan que son veneno. Por eso yo no soy comercial todavía, porque la gente no está preparada para que le digan ‘si tenés ganas merendá un paquete de papas, pero hacelo por placer, no para tapar otra cosa’. El otro pilar es llevar a cabo una dieta que les darías a una abuela, a una hija chiquita; si no se la darías a las que más querés, no sirve. Y también el tema clave: la cantidad: elegir rico pero lo justo.” El eje es el cambio, no la dieta, porque la dieta dura un tiempo pero el cambio dura, y la gente cambia su relación con la comida y el uso y abuso que se hace de la comida. “Las veces que comés para no decir, para no odiar, para no pensar, para no aburrirte. Es algo para observar. Después uso la balanza, pero no es el eje, y fue un aprendizaje, yo de joven felicitaba el peso, ahora no”, explica.
Para Katz el sobrepeso es un desorden de aprendizaje basado en la recompensa y el estrés: las personas sentimos cosas, la vida es malestar, llenar vacíos, etc. Cuando salimos de zonas de confort, buscamos volver, algunos lo hacen a través de sustancias, y otros a través de la comida, y la comida tiene un lazo tan fuerte con la infancia que es muy poderoso. “La huella que queda en el cerebro del pan con manteca, la torta de cumpleaños, los sandwiches de miga, etc. Son huellas en la memoria que me harán buscar lo mismo y está perfecto. No es que sea un camino a desandar, porque es una huella de placer, sino seguir el camino a conciencia, no en automático. Katz ejemplifica con la cantidad de veces que después de una pelea, en la angustia de un día de trabajo complicado o porque sí y sin pensar, comemos como termitas. “Comer por placer hace además que nunca te pases de banda porque el cuerpo sabe dónde parar.” Katz propone gimnasia, hobbies, meditación, que cada una haga lo que quiera pero que se asegure que le guste, le caliente y lo saboree en cámara lenta. “La educación no forma estimulando cosas que se hagan por placer: es resultadista en general, con lo cual las habilidades quedan un poco veladas. Mucha gente me dice “no comí y me calmé, o me fui a dormir o me deprimí” pero se dan cuenta de que no comieron y no pasó nada. Pero para eso necesitamos que la gente no se asuste frente a las emociones. Se puedan pelear, contestar mal, bajonearse y no tapar nada con comida”, dice. Que comer sea fiesta, desde una buena picada, una cerveza helada o un helado en pleno verano.
Para Katz comer es tan atractivo porque un pedazo de alimento es un pedazo de mundo que te metés adentro, y las personas decidimos muchas veces a través de la emoción; dice Katz que la mayoría frente a la góndola del supermercado va a lo rico, no a lo necesario. “La gente piensa que controla pero no es tan fácil, entonces a la hora de armar porciones lo que sirve es el método: si yo te digo que a una ensalada le pongas una papa, la levantás, o si te habilito a comer un tostadito a media tarde, probablemente la perspectiva sea mucho más emocionante que la imagen del apio que tanto les gusta a las revistas de moda. De esa manera tengo allanada la toma de decisiones: comer de todo pero en porciones moderadas. El día de que las empresas se aviven de eso van a ser mucho más vendidas. Hay algunas pocas que ya lo hacen: 20 gramos de chocolate, un paquete de dos galletitas, paquetes de papitas de 25 gramos... No son nutritivas, pero yo la nutrición te la doy en las comidas, acá te dejo la porción del disfrute.”

Revalorizar el placer

En Ni ebrias ni dormidas (Planeta), la socióloga María Josefina Cerutti hace un recorrido histórico por la ruta del vino y las mujeres en esa tradición siempre velada que las descuenta de la historia. “Para mí fue fundamental remontarme a los griegos. Decir que la tierra es la Madre Tierra es hablar en términos masculinos, son los hombres los que lo dicen, pero jamás se acuerdan de una cosechadora, de una enóloga, de las mujeres reales que formaron parte de la historia del vino”, explica y aclara que las bodegueras sí fueron visibilizadas pero porque involucra la parte capitalista del negocio del vino. Desde que existe la industria vitivinícola las mujeres cosechan y esto es muy importante porque nadie las nombra. El atado del viñedo lo hacen históricamente las mujeres porque es algo muy difícil de hacer, hay que tener las manos chiquitas y cierta habilidad, pero las menos nombradas son tal vez las más fiesteras: las dionisíacas. Ellas eran salvajes y maternales pero estaban al servicio de Diónisos, el dios del vino, eran como todas las amantes de un Don Juan. Y estas mujeres, lejos de ser pasivas vedettes que giran en torno del falo, se reunían en los montes, se drogaban, hacían orgías entre ellas, se ponían estimulantes genitales para excitarse. Diónisos fue el único dios que se convirtió en hombre, andaba entre Tebas y Atenas y hacía su aparición en las fiestas, que las había de todo tipo y para todo gusto: fiestas más sexuales, fiestas de colonización, fiestas de hombres, fiestas de mujeres... “El vino para ellos era además el alimento por excelencia, pensá que cuando llegaban a un lugar plantaban viñedos, así que los productores de vino debían ser los primeros interesados en que se hicieran estas fiestas, donde las mujeres tenían un rol fundamental, de agite, de reunión y de belleza. Cuando llegan los romanos y se acaba la fiesta, las mujeres dionisíacas van quedando en el mundo rural, y de ellas vienen las brujas de la Edad Media, que fueron totalmente perseguidas. Pero cuando se empezó a tener esa connotación tan negativa de las brujas y se las empezó a perseguir y matar, la gente del mundo rural se quedó sin referentes, no tenían quién los curara y se empezaron a morir sin esa sabiduría de estas mujeres. Ahí hace su gran entrada el catolicismo y su proceso de evangelización, pero la persecución de mujeres jugó un rol fundamental en cómo seguimos siendo consideradas hoy en día”, dice.
Siglos después, cuando se organizaron las casas reales, se vuelve la mirada a Grecia, pero ya no eran los campesinos que podían disfrutar de la fiesta: el poder de la fermentación estaba concentrado en la clase alta, los señores feudales y la Iglesia. Ahí aparece la figura de Lucrecia Borgia, las fiestas donde el vino organiza y se vuelve un producto sofisticado. Borgia era famosa porque su padre la usaba para que matara a sus enemigos dándoles vino con veneno. “Le ofrecí educadamente la copa de Borgoña púrpura. Me sonrió. Tras un brindis dirigido definitivamente a mi sexo, Allatri se terminó el vino de un solo trago”, dice Lucrecia y explica que fue su padre quien le mostró las mieles del vino en una escena que describe coqueteando con el incesto. “Papá me tomó en sus brazos y volvió a besar mis labios, saboreé el alcohol del dulce moscato del almuerzo en ellos.” Borgia y las dionisíacas son parte de esas subversivas que la pasan bien en la historia que cuenta Cerutti porque eran mujeres que elegían con quién acostarse, por ejemplo. “De las hetairas se dice que eran las prostitutas de Grecia pero para mí no era así: eran minas que la pasaban bomba, que se juntaban y hacían lo que querían, entre ellas o con los hombres. Las etruscas les ponían su apellido a los hijos y tomaban vino pero eran menos dionisíacas y más matronas, con una actividad económica sin tanto descontrol. Las mujeres hasta el día de hoy nos pensamos desde esa mirada masculina que manda que no tenemos que emborracharnos, de hecho una sommelier me ha dicho ‘nadie puede decir que me ha visto borracha’ como si fuera algo malo. Mi idea es desarmar esa mirada.”
En el libro también da cuenta de la Veuve Clicquot, la gran dama del champagne, un producto de la contrarrevolución. “Ella pertenecía a esas burguesías que querían ser nobles y cuando cae la Revolución Francesa se tiene que camuflar para que no la mataran. Después se casa con un hijo de nobles que tenía viñedos y cuando él se muere, ella empieza a descubrir el champagne.” No por nada a las mujeres nos encanta el champagne, pero lejos de visibilizar esta historia de su nacimiento, algunas marcas crean champagnes en versión “rosa” para nosotras.
Aquello de la “reina de la vendimia”, “la reina de la manzana”, es citado por Cerutti para preguntarse por el valor de esa figura, tan estática e idealizada que saluda con la manito desde la carroza y se despoja de todo lo humano que tiene esa mujer “elegida”. Esa imagen que hoy persiste en las publicidades asociada a la reina soporífera, que desfila como princesa pero no la pasa bien (y además es acusada de tonta) es el origen de esta investigación que bucea en el alma femenina y propone no quedarse en la ebriedad pero tampoco en los laureles de la bella durmiente. Respecto del presente del vino, Cerutti cuenta que en Europa es mayor el avance de la mujer. “Producen con técnicas biodinámicas. También descorchan en casa, toman solas. (...) Según la última encuesta que se hizo para el proyecto El Vino Argentino, la participación de la mujer en el consumo es potencial. Pero hoy parecería que, desde la comunicación y según los intereses de mercado, el consumo de vino está dirigido al hombre.” Por eso Cerutti propone salir de esos esquemas que intentan mercantilizar el consumo, siendo que a las mujeres nos pueden gustar los vinos más agresivos y, por qué no, emborracharnos en público sin temor, como ella vio tantas veces en las mujeres de su familia, ya que además de emborracharnos, el alcohol propicia el encuentro y “suelta” más de un alma rígida. Cerutti viene de una familia productora de vinos de Mendoza y no tiene registro en su memoria de una época en la que no tomara vino rebajado con soda, así que la imagen de la mujer siempre estable, siempre elegante y con una copa en la mano sólo de adorno le resulta ridícula al lado de su propia tradición, que ponía a los niños a dormir con un chupete humedecido en “la sangre de Cristo”.

jueves

La ansiedad de fin de año

Se acerca fin de año y crece la ansiedad. 

 Se termina el 2012 y se pretende terminar con todo lo pendiente, y esto genera una sensación de agobio,  ansiedad y estrés. La naturaleza y el ocio son 2 grandes aliados para sobreponerse.
  

 

El estilo de vi­da moderno, sobre todo el urbano, alargó las jornadas de trabajo en per­juicio del ocio y el tiempo libre. Hoy, relajarse y descansar puede ser, para muchos, imposible. Luego vienen las consecuencias: estrés; síndrome del quemado (burnout); depresión; abulia, por nombrar al­gunas que no sólo afectan a los gran­des, sino también a los chicos.



Fuente: clarin.com
- Reflexiones y consejos que ayudan a “parar la pelota” 
 
1- “El imaginario social no habi­lita ni fomenta la necesidad de detenerse a ocuparse de uno mismo, cuando es esencial para el bienestar de una persona. El tiempo libre es fundamental porque impli­ca un disfrute emocional y físico”. Licenciada Rosina Duarte, Clinicar.

2- “Se puede aprender algo nue­vo, leer un libro o simple­mente escuchar música. La medita­ción (Mindfulness) practicada de forma regular reduce los niveles de glucocorticoides, activados ante el estrés. Hacer ejercicios o actividades recreativas de forma cotidiana y regu­lar es básico para estar saludables”. Doctor Francisco Medina, Instituto de Neurología Cognitiva.

3- “El entrenamiento físico debe ser un oasis en la vorágine, no parte de ella. 
Cuando entrene, desconéctese del celular, las noticias y los problemas del día.  
La actividad física debe ser un cable a tierra para manejar el estrés, 
no para acentuar­lo. Deje que las endorfinas (hormo­nas del bienestar) 
hagan su traba­jo”.

4- “Cuando nos exponemos a largos períodos de estrés hay que reforzar 
el sistema inmunoló­gico con vitamina A (zanahorias, verduras de color verde 
oscuro y frutas amarillas y naranjas); vitami­na C (ají, brócoli, cítricos); 
ácido fólico (legumbres, espinaca o acel­ga); y zinc (pescados, hígado, semi­llas)”.

5- Conéctese a diario con la natu­raleza. En su trabajo puede in­corporar 
una fuente de agua, cuyo te­nue sonido es un gran relajante. Tam­bién, usar 
hornillos con aceites esencia­les de flores (lavanda, jazmín, geranio).  
Decore sus espacios con tonos paste­les: beige (tranquilidad);  
lavanda (equi­librio); y durazno (calma)”. Patricia Traversa,  
especialista en Feng Shui.

6- Es fundamental distinguir el cansancio por actividades que nos 
gratifican y vitalizan (estrés bue­no) del otro, cuando estamos satura­dos de 
cosas que no nos gustan y nos frustran (estrés malo). No se trata, 
entonces, de ‘desenchufarse’, sino de hacer lo que queremos 
hacer. Lila Isacovich, Fundación Buenos Aires.

7- “A veces, no alcanza con relajar­se y parar a tiempo: hay que aumentar 
nuestro caudal de energía tomando más conciencia de la forma de 
alimentarnos, relacionarnos, en­trenar y descansar nuestro cuerpo”.

8- “La solución del estrés no se encuentra fuera del ámbito habitual de cada 
individuo. El real desafío es encontrar bienes­tar manejando las 
contingencias cotidianas”. Dr. Daniel López Rosetti, Presidente de la 
Sociedad Argentina de Medicina del Estrés.

9-El ritmo que cada persona le imprime a su vida depen­de de sí 
misma y está a su alcance modificarlo. Mucha gente adjudica sus 
corridas e imposibilidad de parar a las demandas de otros. Re­sulta más 
sencillo echarle la cul­pa al afuera”. Lic. Mirta Dall’Occhio, Hémera, 
Centro de Estudios del Es­trés y la Ansiedad.

10- Vivir tenso o preocupado no debe confundirse con 
'ser responsable'. El grado de responsabilidad no está asociado a la 
cantidad de preocupaciones que uno tenga, uno puede ser res­ponsable y 
no por ello vivir abru­mado”. Lic. Marina Sinaí, Hémera.

- Señales de alerta

El estrés es lo contrario a la rela­jación -explica el psiquiatra 
Francisco Medina-. Puede venir tanto de frustraciones 
y adver­sidades (fallecimiento, divor­cio, despido), como de 
eventos positivos (ascenso, casa­miento, nacimiento). Por otro lado,  
el estrés agudo (breve, temporal) puede enfocarnos en una 
tarea e incluso salvarnos la vida. En cambio, el estrés cró­nico 
(duradero) provoca pro­blemas físicos severos de larga 
duración y trastornos mentales”.
Dolores de cabeza, musculares, irritabilidad, somnolencia o 
 insomnio son algunas de las pri­meras señales. “El cuerpo 
primero susurra, luego levanta un poco la voz y, por último, grita”
grafica el cardiólogo Daniel López Rosetti. Para los especialistas, 
identificar correctamente los síntomas y estresores es el primer paso
Luego, no dudar en apoyarse en familia, amigos y, en caso 
de con­tinuar la tensión, consultar con profesionales.

La empatía

El vínculo con los demás sostiene nuestra propia vida

Por Facundo Manes

La interacción entre seres humanos resulta crucial para la supervivencia: diversos estudios han demostrado que personas que viven aisladas tienen menos expectativa de vida, se enferman más, tienen una peor performance en pruebas cognitivas y reportan niveles descendidos de felicidad . Esta interacción supone una relación que no se justifica sólo en la proximidad sino además en el vínculo que se establece con el otro.
El término empatía se aplica en el campo de las neurociencias a un amplio espectro de fenómenos, desde sentimientos de preocupación por los demás , hasta la capacidad de expresar emociones que coincidan con las que está experimentando otra persona e, incluso, la capacidad de inferir qué es lo que está pensando o sintiendo.
¿Qué es, entonces, la empatía y para qué sirve? ¿Se puede medir de manera exacta la capacidad empática de cada ser humano? Hasta hoy, ninguno de los intentos para cuantificar la empatía a través de medidas reportadas por la misma persona o valoraciones hechas por pares ha podido captar por completo el amplio rango de procesos afectivos, cognitivos y conductuales que involucra. Esta complejidad puede derivar de que la misma está procesada por una red ampliamente distribuida en nuestro cerebro, que interactúa naturalmente de manera extensa con diferentes regiones neuronales y sistemas cerebrales.
Cierta evidencia convergente de estudios en comportamiento animal, estudios de imágenes en individuos sanos y estudios de lesión en pacientes neurológicos sugiere que la empatía depende de una gran variedad de estructuras cerebrales evolutivamente más nuevas, y también incluye estructuras primitivas del cerebro que regulan los estados corporales, emociones y la reactividad afectiva . Esto demuestra el rol crucial que juega la empatía no sólo en los seres humanos, sino en toda especie animal en la que individuos interactúen entre sí. Asimismo, la empatía no sólo involucra procesos afectivos/emocionales sino también procesos reflexivos en los que es necesario tomar perspectiva (por ejemplo, entender por qué el otro está sufriendo).
Es por ello que la empatía tiene efectos directos sobre otros procesos cognitivos . Por ejemplo, estudios de nuestro laboratorio han demostrado que la empatía cumple un rol crucial en el juzgamiento moral.
 Pacientes con algunas condiciones neurológicas o psiquiátricas en las que fallan aspectos de la empatía muestran patrones de juzgamiento moral no asimilables con el patrón general. Del mismo modo la empatía resulta crucial para la motivación y en los aspectos más sociales de la toma de decisiones.
Hoy, las investigaciones intentan estudiar no sólo cómo generar medidas que puedan capturar de manera más fiable los niveles de empatía de una persona, sino también el modo en que puede ser estimulada y entrenada. Este concepto de empatía también resulta clave para abordar cuestiones sociales. Después de todo, si alcanzamos desarrollar de manera creciente nuestra experiencia empática para con nuestra comunidad, es probable que lleguemos a comprender lo que piensa el otro y convivir así más pacíficamente.
 La gracia de la armonía es lograrla no sólo cuando tenemos ideas comunes, que resulta siempre más cómodo y menos estimulante, sino también posiciones divergentes. La cualidad empática está en conseguir hacer de la diferencia una virtud.

martes

Los atracones

La compensación de problemas emocionales y las dietas restrictivas son algunas de las causas de los atracones, conducta riesgosa para la salud física y psíquica. Hoy, el tratamiento recomendado es psiconutricional.
Por: Marian Durao

Cada vez más personas padecen en relación al comer y a su imagen corporal, y este malestar no se encuentra reflejado en el campo de los trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia.
foto: gettyimages.com
En el transcurso de los últimos años, ha ido creciendo la demanda de un cuadro que presenta ciertas características y que se conoce con el nombre de Binge eating o Trastorno por atracón.
La sensación de frustación que produce la pérdida de dominio en la ingesta se refleja en frases como las siguientes: “Cuando estoy frente a la heladera no puedo parar de comer todo lo que encuentro”, “Cuando empiezo, hasta que no termine de comer todo el paquete no paro”, “Es como si la comida me dominase a mi”, “Si algo me salió mal, voy directamente a comer todo lo que encuentro” y “Siento que estoy fuera de control”.
No todas las personas que comen demasiado en algunas ocasiones padecen este trastorno. 

Para poder diferenciarlo, debemos reconocer algunos de los siguientes aspectos:

- Ingesta de grandes cantidades de comida, aun sin hambre real. La ingesta es impulsiva y descontrolada.
- Comer mucho más rápido que lo normal y hasta estar incómodamente llenos.
- Sensaciones de pérdida de control: no poder parar de comer, no controlar lo que se come ni cuánto se come.
- Comer a solas por la vergüenza que genera la cantidad de comida ingerida y la voracidad con que se la ingiere.
- Sentir malestar, enojo, autodesprecio  o culpa después de un atracón.
- Cambios frecuentes de peso.
- No hay conductas compensatorias (vómitos autoinducidos, ejercicio intenso, etc.), pero sí una gran preocupación por estar delgados.
- Baja autoestima, sensación de ineficacia, soledad y vacío.
Ante todo, es importante tener un diagnóstico claro. Hay “atracones objetivos” y “atracones subjetivos”.
Los primeros se caracterizan porque la persona ingiere una cantidad de comida superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar.
Hay pacientes que han relatado ingerir entre 15.000 a 20.000 calorías de una vez. En los “atracones subjetivos”, las personas no comen realmente en exceso pero tienen la sensación de haber perdido el control de su ingesta, con la consecuente presencia de sentimientos de culpa, vergüenza y desprecio a ellas mismas. Hay diferencias en el tratamiento según el tipo de atracón.
Hoy está demostrado científicamente que el tratamiento de este tipo de disfunción del comer es recomendable que esté a cargo de un equipo interdisciplinario de profesionales, ya que el componente psicológico tiene un peso muy importante, y frecuentemente el Trastono por Atracón se asocia a trastornos emocionales.
Es importante que el paciente pueda establecer el cambio alimentario a través de un razonamiento cognitivo.
La sobrevaloración de la delgadez y el control de la ingesta hace que algunas personas se somentan a dietas estrictas que son precursoras de los atracones.
Los atracones se asocian especialmente a momentos de hambre y excesiva restricción. Si el paciente puede entender cómo se "arma" la situación del atracón es probable que pueda comenzar a desarrollar conductas alternativas más saludables.

Dietantes crónicos
Las personas que padecen este trastorno no presentan conductas compensatorias como vomitar, tomar laxantes, etc., como sucede en la anorexia subtipo purgativo o en la bulimia nerviosa, pero sí realizan reiterados intentos de dietas restrictivas.
Está demostrada la relación entre la restricción y la presencia de atracones. Estos desórdenes y la angustia de producen dan lugar a que el "reordenamiento" sea cada vez más difícil y la persona tienda a convertirse en dietante crónico.
Es importante poder discriminar entre la real necesidad fisiológica de comida y el comer más ligado a lo emocional. Muchas personas recurren a la comida como una manera de enfrentar y lidiar con emociones negativas y, a veces, también con emociones positivas, como por ejemplo, comer por estar muy contento o eufórico. Identificar y registrar ante cuáles situaciones, emociones o personas se desencadenan los atracones es el primer paso para desarrollar una relación más amigable con la comida. 

Dos veces más veloces
Un dato a tener en cuenta es que las personas que suelen tener atracones comen al menos dos veces más rápido que quiebes no los padecen.
Durante un episodio de atracón apenas se mastica, se toma mucho líquido para ayudar a tragar los bocados, lo cual contribuye a la sensación de hinchazón, tan característica de una atracón.
Es importante que el paciente pueda trabajar desde el abordaje psicológico la ansiedad, el estrés, el aburrimiento o la depresión que pueden desencadenar un episodio de atracón, así como sus consecuencias, reflejadas en sentimientos de culpa, enojo y vergüenza.
No olvidemos que, desde el punto de vista de la salud, los atracones aumentan el riesgo de hipertensión arterial, colesterol alto, afecciones cardíacas y diabetes mellitus tipo II, entre otros.
Desde lo psicológico, los sentimientos negativos hacia sí mismo se reflejan en patrones de aislamiento y baja autoestima, con consecuencias en todas las áreas de funcionamiento de la persona.
Existen tratamientos psiconutricionales de probada eficacia que trabajan con intervenciones destinadas a la modificación de conductas y creencias que aumentan la sensación de descontrol y desregulación emocional y que generan tanto malestar en quienes padecen este trastorno.
 

lunes

El apetito emocional

Las emociones, como el estrés, el aburrimiento o la tristeza, condicionan la manera en que nos relacionamos con la comida

Fuente: consumer.es
Por: María Manera

El estado de ánimo puede alterar nuestras elecciones alimentarias y viceversa: haber consumido (o dejado de consumir) determinados alimentos puede influir en el estado anímico. Distintos estudios apuntan que la tristeza, el aburrimiento o el estrés condicionan la manera en que nos relacionamos con la comida. Unas veces, lo hacen de forma obvia y evidente; y otras, de manera sutil e inconsciente. Sin embargo, estas interacciones son tan complejas, que es difícil establecer con claridad cómo es el vínculo entre emoción e ingesta, qué es consecuencia y qué es causa. Además, no se reacciona igual ante el aburrimiento -que parece incidir en un aumento de la ingesta-, que frente a la tristeza -según los estudios, tiende a reducir nuestras ganas de comer-. A continuación se describe la relación primaria entre las emociones y la comida, cómo influye el estrés en las ganas de comer y cuáles son los sabores que provocan placer. 

Las emociones y la comida 
Nuestra actitud antes o después de comer es, con mucha probabilidad, la forma más habitual y explícita de la relación que existe entre la comida y el estado de ánimo. Cuando tienen hambre, muchos animales, entre ellos los humanos, tienden a estar agitados, en alerta, e incluso, irritables, ya que esta condición estimula y fomenta la búsqueda de alimento. Una vez más, nuestros genes ancestrales recobran protagonismo.  

En cambio, después de una comida que nos sacia, los nutrientes absorbidos llegan al cerebro: a través del sistema nervioso se genera una sensación de calma, un estado letárgico en el que el humor tiene más probabilidades de ser positivo que negativo.
No ocurre lo mismo siempre, eso sí. Las emociones son de tristeza, vergüenza o ansiedad después de haber consumido un alimento que no debíamos, que sabemos que no es sano o que no forma parte de nuestro plan alimentario para perder peso. Y es que en alimentación nunca hay blancos y negros. Si además se relaciona con la compleja psicología humana, la gama de colores se amplía de forma exponencial. 

El estrés y las ganas de comer 

El estrés afecta a la salud de manera directa a través de múltiples procesos fisiológicos, pero también es capaz de cambiar comportamientos que se relacionan con la salud, como la selección y la ingesta de alimentos. Los estudios indican que la mayoría de las personas experimentan cambios en la conducta alimentaria en respuesta a una situación de estrés. Sin embargo, esta respuesta no es la misma en todos los individuos. Es más, puede ser la opuesta.
Un trabajo publicado en la revista científica Appetite calculó, a partir de datos de varias investigaciones, que mientras un 30% de los sujetos estudiados manifestaron un aumento en su apetito, casi un 50% revelaron una disminución de las ganas de comer. Estos efectos parecen ser distintos en función del tipo de persona que siente estrés: quienes restringen la ingesta de manera habitual suelen responder con más apetito y ganas de comer que quienes no la limitan de forma cotidiana.

Los sabores que provocan placer

La sensación placentera asociada al sabor dulce es innata, mientras que el amargo y el picante se rechazan de forma natural por los bebés. Varios estudios así lo han demostrado al analizar las expresiones faciales de recién nacidos a quienes se les administraron líquidos con sabores dulces o amargos. Sus muestras de goce al beber el líquido con azúcar contrastan con expresiones que los investigadores asocian a emociones negativas y que coinciden con el momento de probar el sabor amargo. 
Sin embargo, cuando las personas son mayores, las expectativas y predicciones acerca de las reacciones a la comida están muy influenciadas por las experiencias previas. Las reacciones frente a un alimento tienen mucho que ver con qué ha pasado las anteriores veces que lo hemos consumido, pero también con lo que esperamos de ese consumo o cómo afecta este alimento a otras personas.

La depresión, una enfermedad cada vez más común y poco tratada

Afecta a 350 millones de personas y a pesar de los tratamientos muchos pacientes nunca son diagnosticados

Fuente: www.lanacion.com
La depresión, la enfermedad mental más común, afecta a unas 350 millones de personas en el mundo y a pesar de los tratamientos efectivos muchos pacientes nunca son tratados ni diagnosticados. Ese es el mensaje que muchos expertos en todo el mundo están lanzando por el Día Mundial de la Salud Mental.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 75% de las personas que sufren la enfermedad vive en los países en desarrollo. Pero debido al estigma y desconocimiento que todavía existen sobre la depresión, muchos no reconocen que están enfermos.
"Es una enfermedad cada vez más común en todo el mundo, con una tendencia cada vez mayor de ser un alta prioridad de salud pública, más que las enfermedades cardiovasculares o neurológicas", cuenta el doctor Roger Montenegro, miembro del consejo de dirección de la Fundación Mundial para la Salud Mental (WFMH, por sus siglas en inglés).
"La depresión es una problemática que ya vemos todos los días, en hospitales, en nuestras propias familias", dice el también presidente de la Fundación Contener en la Argentina, una organización de defensa de derechos de las personas que sufren trastornos mentales.
Pero a pesar de ser tan común, dice el experto, mucha gente todavía no puede reconocer la enfermedad cuando la sufre y por lo tanto no busca ayuda para aliviarla.

Tristeza "sostenida"

La depresión, explica el experto, no son las fluctuaciones del estado de ánimo que todos podemos sentir en determinado momento. Genera un estado sostenido de tristeza o falta de esperanza que puede durar dos semanas o más e interfiere con la capacidad de funcionar en nuestra vida diaria.
"Hay que diferenciar la tristeza de la depresión", dice Montenegro. "La tristeza es parte de la vida, pero hay un nivel de tristeza que a pasa a preocupaciones somáticas o inhibición en el comportamiento psicosocial. La depresión produce una desconcentración y desinterés por la vida, trastornos de sueño, disminución de la libido".

Estos son los síntomas de las formas leves y moderadas de la depresión, pero en sus formas más severas puede poner en riesgo la vida del que la sufre. "En sus formas más profundas la enfermedad va acompañada de otros síntomas y allí comienza a instalarse la idea de que la vida no tiene sentido y que la muerte puede ser un alivio", explica el psiquiatra.
En los casos más graves la depresión puede llevar al suicidio: un millón de personas se suicidan cada año en el mundo, según la OMS. En América Latina y el Caribe la cifra es de 63.000.
"Sabemos -dice Montenegro- que 75% de las personas que se suicidan han comunicado, un mes antes de suicidarse, a un familiar o conocido que tienen deseos de morir o matarse, 60% ha comunicado ese deseo en los dos meses previos al acto y 50% en los tres meses antes de cometerlo". "Y esto ocurre porque estas personas no fueron tratadas adecuadamente", agrega.

"Es necesario hacer mucho más"

La enfermedad es un trastorno complejo en el que intervienen factores sociales, psicológicos y biológicos.
Puede ser causa o consecuencia de otra enfermedad, como cardiovascular o una experiencia postparto, o puede ser resultado de presiones económicas y sociales, desempleo, desastres naturales y guerras.
Foto: Archivo
 
Se calcula que la depresión afecta a 350 millones de personas en el mundo. 
En América Latina, se calcula que la depresión afecta a 5% de la población adulta, y seis de cada diez personas con la enfermedad en la región no reciben tratamiento. Pero las brechas entre un país y otro en diagnóstico y tratamiento de la enfermedad son enormes. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por la WFMH sobre depresión entre los adultos mayores en varios países de América Latina encontró que en Perú, México y Venezuela, la mayoría de los participantes con síntomas de la enfermedad nunca habían recibido tratamiento para ella.
A pesar de la enorme carga de salud pública, el presupuesto que dedican muchos países a la salud mental es mínimo. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en América Latina y el Caribe, el porcentaje del presupuesto sanitario destinado a salud mental es inferior al 2%.
La enfermedad, dice el doctor Montenegro, está relegada en la región. "Los gobiernos han producido declaraciones para crear leyes de salud mental con presupuestos muy bajos, o con promesas imposibles de cumplir o presupuestos que luego son recortados", explica el miembro del consejo de dirección de la Fundación Mundial para la Salud Mental.
"En el grueso de América Latina es necesario hacer mucho más porque no basta con tener solo buenas intenciones. Es necesario educar y luchar para los temas de salud mental entren en la agenda y en la cabeza de los políticos, y educar a los médicos de atención primaria, que son el primer contacto del paciente, para que puedan reconocer los síntomas y detectar la enfermedad".
Y agrega: "Es necesario trabajar mucho más en un esfuerzo de tres partes, que incluya a profesionales, pacientes y sus familias".

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