La información contenida en esta web, tiene carácter informativo y en ningún momento sustituye a la que le haya sido administrada por su médico o reemplaza la consulta médica. En caso de cualquier duda o aclaración, consulte a su médico
Mostrando entradas con la etiqueta Imagen corporal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imagen corporal. Mostrar todas las entradas

viernes

Los discursos del cuerpo

Preguntas esenciales como “¿quién soy?” parecen encontrar respuestas hoy en la cirugía estética o en la ilusión médico-tecnológica de que se puede ser joven hasta la muerte. Esa batalla se da en los cuerpos, escamoteados o exhibidos con diversos sentidos. Aquí, un análisis del arte a la psicología, la opinión de especialistas y una entrevista con el sociólogo Nikolas Rose, experto en biopolítica.

Por Marcos Mayer

La llegada del verano es escenario propicio para el ritual de los discursos más banales sobre el cuerpo. Aquellos que apuntan al lucimiento de virtudes, a la disimulación de defectos, a la corrección más o menos drástica de imperfecciones reales o imaginarias, a la elección de la ropa y los paisajes que mejor se adecuen a esta imagen de estación. Esto que parece ser sólo una impresión queda refrendado por los datos que aporta el doctor Ricardo Losardo, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de la Ciudad de Buenos Aires. En la segunda mitad del año, y sobre todo luego de comenzada la primavera, las operaciones estéticas suben alrededor de un 50%, con preeminencia de mujeres jóvenes que solicitan implantes mamarios y lipoaspiraciones. Hay una exigencia de que el cuerpo se sume a una media de belleza, determinada más por la atención especial a ciertas zonas que por el equilibrio general.
Sin embargo, hay otros discursos que atraviesan la problemática del cuerpo, que proponen distintas representaciones, formas de represión que lo escatiman o exhiben, obsesiones médicas, prácticas donde se juega ese raro borde entre la salud y la enfermedad. El cuerpo que en principio debería ser un espacio mudo termina por ser una superficie donde se pueden leer distintos significados y sobre el cual se pueden inscribir una variedad de sentidos.

La rebelión al desnudo
La desnudez se va transformando en una estrategia cada vez más utilizada para defender alguna causa. No hay semana en que no aparezca la noticia de una actriz, modelo o simple particular que se quita la ropa para abogar a favor de la ecología, para protestar por un acto de gobierno o para llamar la atención sobre ciertas cuestiones desatendidas por la sociedad. La hija de Mick Jagger, el vocalista de los Rolling Stones, se desnudó para oponerse a la extinción de ciertas especies marinas. Otra cantante, Madonna, para defender la causa de una niña paquistaní perseguida; una modelo se sacó fotos sin nada encima en el monumento a la Bandera de Rosario para manifestar de esta forma su rechazo a la cosificación de la mujer. En general estos actos se reciben con beneplácito porque de algún modo establecen un vínculo entre un cuerpo al que se considera bello –o al menos tan en principio inaccesible como el de una celebridad– y una causa que se presenta como noble, pero en otros casos, generan un intenso rechazo. Recientemente, la Iglesia hizo saber su repudio por una obra estrenada en el Teatro Argentino de La Plata en la cual la Virgen María era representada por una actriz que permanecía veinte minutos desnuda sobre el escenario. El arzobispo de la ciudad dijo que esa elección sólo se podía explicar por la profesión anticatólica del director de la puesta de Pepita Jiménez con libro de Juan Valera y música de Isaac Albéniz. El problema, según se deduce de un texto publicado por Héctor Aguier, es que la desnudez implicaba poner en cuestión el carácter inmaculado del cuerpo de María.
Una primera conclusión sería que los cuerpos pertenecen a dos categorías: una que permite su uso a través de la exhibición pública y otra en la que la desnudez queda bajo el signo de la blasfemia. Sostiene el filósofo italiano Giorgio Agamben, refiriéndose a las representaciones del paraíso en un artículo titulado “Desnudez”, incluido en el libro del mismo título, publicado por Adriana Hidalgo: “El problema de la desnudez es el problema de la naturaleza humana en relación con la gracia”. Y recuerda unas páginas más adelante que a principios del siglo XX los movimientos que predicaban el nudismo como nuevo ideal social lo hacían oponiendo “a la desnudez obscena de la pornografía y la prostitución la desnudez como ‘vestido de luz’”. Esa que parecía una diferenciación clara basada en la intencionalidad –en un caso se trata de exhibirse, en el otro de que los demás prescindan que están ante un cuerpo sin ropas– parece estar perdiendo claridad. En Punta del Este, se pretende reducir el espacio de las playas nudistas; en San Francisco, California, los legisladores prohibieron la habitual práctica del nudismo callejero. Si se quiere asistir a una representación un tanto patética de esta tensión entre el desnudo inocente y la provocación, pueden verse las infaltables notas televisivas sobre playas nudistas, que concluyen irremediablemente en que la cronista se quite la malla y se sumerja en el mar, mientras varias partes de su cuerpo aparecen blurreadas. La inocencia y la provocación en una única toma.
John Berger, escritor, crítico y artista plástico británico, establecía una distinción difícil en castellano: entre “ nude ” –el desnudo como forma de retrato– y “ naked ”, estar desnudo. Al respecto plantea: “La desnudez se revela a sí misma. El desnudo está condenado a nunca quedar desnudo, es una forma de estar vestido”. El cuerpo que se muestra en su supuesta plenitud para emitir un mensaje de alguna manera escapa a esta doble tensión. Se identifica con la causa que defiende. No se propone ser visto ni en su inocencia ni en su gesto de pura exhibición. Probablemente porque el cuerpo va adquiriendo otras significaciones.

Anatomías de la barbarie
Algunas de esas significaciones resultan trágicas. Una de las zonas del horror argentino fue la imposibilidad de los familiares de reencontrarse con los cuerpos de las víctimas de la represión. En la siniestra definición del dictador Videla, “los desaparecidos, son eso, desaparecidos. No están”. Se escamoteaba el cuerpo, se lo convertía en ausencia como una forma de eliminar toda forma de identidad, pasada o presente. Algo de esa estrategia sigue usándose entre nosotros para romper la relación entre voz y cuerpo, como ha sucedido con Julio López, ex militante de una unidad básica peronista barrial, y desde 1985 afiliado al Partido Socialista, desaparecido desde octubre de 1976 hasta junio de 1979 durante la dictadura militar y por segunda vez, en septiembre de 2006.
Esta forma de represión no fue sólo nacional. Se aplicó en Argelia, y se usó con mayor o menor intensidad en distintos países americanos en la década de 1970.
Hoy aparecen nuevas formas del uso represivo del cuerpo del otro, del escamoteo se pasa a la exhibición de los cuerpos. Es lo que sucede con las fotos de la cárcel de Abu Ghraib. Sobre esas imágenes de las torturas sufridas por prisioneros encarcelados allí tras la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos, el pintor colombiano Fernando Botero realizó una serie de cuadros, destinados a “visualizar lo que allí ocurrió”, según declaró. Una exposición que desde 2005 viene dando vueltas por el mundo. Los cuadros amplían el límite de lo que ya se ve en las fotos, por lo menos en las que son accesibles. La humillación aparece en los cuadros aún más subrayada que en esos retratos de prisioneros desnudos y encapuchados atados como perros junto a alguna mujer sonriente y portando un uniforme militar del cual parece sentirse orgullosa. Las fotos fueron deliberadamente exhibidas, un gesto que puede leerse más como una política que como una trasgresión. Es una forma más de aniquilar al enemigo, degradar su condición humana a la vista de los demás, hacerlo cuerpo de una derrota irreversible.
Dice Estela Schindel, socióloga y autora del libro La desaparición a diario. Sociedad, prensa y dictadura (1975-1978) : “En el caso de las fotos de tormentos a prisioneros por fuerzas estadounidenses, éstas presentan la novedad de que llegan a incluir a los mismos victimarios en la imagen (un nuevo paso en la pérdida de la vergüenza o, mejor dicho, de todo límite ético-moral) y hablan de una confianza en la impunidad total por parte de quienes detentan el poder. Las fotos son también entonces señal de advertencia sobre esa dominación, donde poder ‘legal’ y ‘de facto’ se imbrican y entremezclan. Es lo que ocurre también con la exhibición de las marcas obscenas de la violencia en los cadáveres por parte de los grupos que ejercen el poder de hecho en México. En el caso de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, brillantemente analizados por la antropóloga Rita Segato, el poder escribe en sus cuerpos un mensaje dirigido a otros sectores como reafirmación de su dominación. El cuerpo femenino deviene allí mero instrumento, vehículo de un texto dirigido a otros (hombres), que han de saberlo “decodificar”. Segato sostuvo en una ponencia en Brasil: ‘La víctima sacrificial, parte de un territorio dominado, es forzada a entregar el tributo de su cuerpo a la cohesión y vitalidad del grupo y la mancha de su sangre define la esotérica pertenencia al mismo por parte de sus asesinos. En otras palabras, más que una causa, la impunidad puede ser entendida como un producto, el resultado de estos crímenes, y los crímenes como un modo de producción y reproducción de la impunidad: un pacto de sangre en la sangre de las víctimas’.” Pareciera, en este sentido, haber un retorno a formas pasadas del uso del cuerpo de las víctimas como exhibición de poder por parte de los victimarios. Al respecto, agrega Schindel: “Más que ‘avances’ o ‘retrocesos’ en la aplicación de la violencia, lo que la historia muestra es que ésta se desplaza y condensa, seleccionando en cada caso cuánto dejar entrever y cuánto esconder y sin que por ello su virulencia y efectos sean menores. Asistimos más bien a nuevas reconfiguraciones en su exhibición y ocultamiento. El desafío consiste en aprender a interpretar y desmontar sus mecanismos, como primer paso para resistir y conjurar sus efectos.” “Nuestro cuerpo es ya sólo un estorbo para nuestro cerebro”, provoca en una entrevista Kevin Warnick, académico de la universidad de Reading, experto en cibernética. Y agrega: “Nuestras neuronas se conectan mejor en red que nuestras células. Por eso nuestro cuerpo hoy se engorda y degrada: la obesidad, la diabetes... Pronto nuestros cerebros se librarán de ellos”. Warnick habla de un experimento que le permitió mover desde Inglaterra un brazo electrónico que se hallaba en Nueva York, valiéndose sólo de sus neuronas. Se trata de una forma de optimismo que para otros asume el rostro de una pesadilla: cuerpos a medida, libres de defectos, condenados a la perfección. En ese sentido, el libro Políticas de la vida , del inglés Nikolas Rose (ver entrevista con el autor , página 8), ofrece algunas cuestiones a considerar. Allí se señala la existencia de un proceso creciente de la posibilidad de intervenir en el cuerpo, tanto en su funcionamiento como en su aspecto, lo cual de alguna manera se va constituyendo en una especie de ingeniería de la vida. Eso implica, por un lado, la posibilidad de separar y reformular el camino de los distintos componentes del cuerpo, como sucede por ejemplo, con óvulos y espermatozoides que pueden cumplir su función fuera del ámbito de una relación sexual de a dos. Lo que todavía no sabemos es si toda esta nueva ingeniería biológica tanto en sus realizaciones concretas como en sus promesas más o menos factibles o fantásticas producen cambios en la relación que se mantiene con el propio cuerpo, que pasa de ser un destino (el cuerpo que nos tocó en suerte) a una posibilidad, el cuerpo que alguien puede diseñarnos.
Sostiene Patricia Faur, psicóloga, docente en la Universidad Favaloro: “La tecnología contribuye a sostener la ilusión de que es posible ser joven hasta la muerte. Quizás por eso, algunos investigadores han demostrado que las personas tienen una representación de sí mismas de 10 años menos que su edad cronológica. La ilusión de cambiar el cuerpo a través de la tecnología permite también jugar a crear nuevas identidades. ‘Transformarse en otro’ empieza a ser un experimento casi genómico para renunciar a un aspecto que no quiere hundir sus raíces en la herencia. Vivimos tiempos en los que se puede cambiar el color de la piel, se modifican rasgos característicos de ciertas comunidades, se ven caras uniformadas por criterios estéticos que se ponen de moda. La respuesta a categorías ontológicas como ¿quién soy? parece encontrar respuesta en los quirófanos. El cuerpo dice lo que queremos callar. Los consultorios de los terapeutas están poblados de pacientes que traen a sus cuerpos malheridos: cefaleas, trastornos del sueño, gastrointestinales y cardiovasculares, enfermedades autoinmunes y endócrinas y, obviamente depresión y ansiedad.
El estrés crónico muestra una respuesta desajustada de un organismo que fue exigido hasta el punto del desborde. Una respuesta sabia de nuestro sistema para adaptarnos exitosamente frente a las demandas externa e interna terminó por fracasar. El cuerpo elevado a la categoría de ídolo, el cuerpo de la estética, el de la imagen, el de la tecnología, es un cuerpo olvidado”.
Hay actividades que giran en torno del uso del cuerpo, la danza y el deporte. “Los bailarines hablamos un lenguaje físico y podemos conversar con ustedes. Intentamos hablar un lenguaje sin acentos, reducir la marca individual y lograr un tipo de armonía”, sostiene el coreógrafo Edward Villela, fundador del Miami City Ballet. Este cuerpo construido desde el modelo del ballet clásico es, desde la perspectiva de Andrea Servera, fundadora del grupo El combinado argentino de danza, requiere de cierta represión del proceso creativo porque implica seguir un modelo preestablecido. “Esos cuerpos esbeltos no siempre son, como se pretende, caminos hacia la salud. Hay anorexia en el mundo del ballet, así como la hay entre las modelos”, dice.
El baile que tenía su expresión elitista en el ballet y una dimensión privada en fiestas y reuniones, hoy ocupa un lugar de privilegio en la televisión a través del Bailando por un sueño que conduce Marcelo Tinelli. Al respecto, plantea Servera. “Es algo dominado por lo que podría llamarse el ‘efecto asado’, no importa cómo se baile sino la carne que se exhiba. No hay menor ligazón con ninguna forma del arte de bailar.” Se podría agregar que, en cualquier forma de danza, hay una especie de juego por el cual la imagen del cuerpo se muestra y se retacea. La lógica de estos concursos es que el cuerpo (segmentado) debe entregarse por completo a la mirada y al comentario del otro que suele presentarse bajo la forma de un jurado, ejecutor de una ley de la adecuación de los cuerpos.
El mexicano Juan Villoro cuenta en una de sus crónicas de fútbol haber encontrado a Ronaldinho jugando a la play station en la concentración del Barcelona. El crack brasileño había elegido como su jugador representativo al propio Ronaldinho. Una sorprendente circularidad entre el cuerpo real y esa especie de holograma en tres dimensiones que es la característica del jueguito. De todos modos, para Fernando Signorini, preparador de futbolistas como le gusta definirse y que trabajó con Diego Maradona, no es por medio de la mirada que se aprende a usar el cuerpo, sino a través de la práctica permanente, la forma en que se aprenden los movimientos. “Hay alguna técnica que se puede adquirir de esa manera, pero lo que hace la diferencia no es el cuerpo sino la inteligencia, de hecho no conozco a ningún Premio Nobel que haya sido físicoculturista”. Desde esta perspectiva, Signorini cuestiona la obsesión por modelar el cuerpo, “una especie de manía asociada a la idea de éxito, hasta se hace cierto tipo de ropa que destaca los músculos que son aparentemente el gran símbolo de la belleza corporal”.
Lo cierto es que si consideramos a la pintura (y en menor medida a la fotografía) como el lugar de representación de las imágenes posibles del cuerpo, la exposición sobre Caravaggio que se presentó recientemente en el Museo Nacional de Bellas Artes permite otro acercamiento pues rompe el automatismo del ideal del cuerpo perfecto al cual debiera tenderse. Si se compara esos modelos de pies sucios, de ropas arrugadas, rostros vencidos por el tiempo, la carne en su mortalidad más evidente, con la perfección de esas figuras de Miguel Angel, con sus músculos plenos, destinados a la eternidad, la contradicción es evidente. No se trata de la cuestión de la belleza –de hecho, algunos célebres cuadros de Caravaggio, como Tañedor de laúd es de una extrema delicadeza– sino de rechazar la idea de un cuerpo sin marcas destinado a reflejar la gloria de Dios en términos de armonía, de equilibrio y, si puede decirse así, de eternidad. En realidad, sus cuadros inscriben el tiempo y la experiencia en los cuerpos. Tiempo y experiencias que se dicen de otro modo que a través del discurso. Al final de La voluntad de saber , el primer tomo de su Historia de la sexualidad , Michel Foucault sostiene que lo único que puede escaparse a la cárcel del discurso (que es el mecanismo de reproducción del poder) son los cuerpos y los placeres. Para que los placeres puedan ser posibles no puede pensarse un cuerpo en solitario, siempre es más de uno. En su último libro, esa maravilla de la sensibilidad que es El cuaderno de Bento , John Berger cita a Baruch Spinoza: “El cuerpo humano se compone de muchísimos individuos (de diversa naturaleza), cada uno de los cuales es muy compuesto.”

Nikolas Rose: “Vamos hacia un ‘cuerpo a la carta’”


La medicina no se ocupa ya de la enfermedad, sino del cuerpo sano entendido como una máquina que debe “optimizarse”, afirma este experto británico en biopolítica. Consumo, salud y poder se funden en esta nueva realidad.

Revistaenie.com  
Por Agustin Scarpelli

Muchos pensadores han echado mano al concepto foucaulteano de “biopolítica” para explicar cómo la vida de las poblaciones (expresada en las tasas de mortalidad y natalidad, los índices de salud, la donación de órganos o los seguros de vida, por ejemplo) se ha constituido como un campo central de intervención del poder político. Entre ellos se encuentran Judith Butler, Roberto Esposito, Giorgio Agamben, Toni Negri y Michael Hardt. En ese arco vasto de autores se recorta el sociólogo británico Nikolas Rose como aquel que ha indagado en las prácticas médicas –primero estudió la psicología, luego el giro molecular de la medicina y, más recientemente, realizó investigaciones sobre el cerebro– asociándolas con los efectos inmediatos que tienen sobre lo que los hombres creemos (y queremos) ser. A diferencia de aquellos autores, sin embargo, las investigaciones de Rose son más analíticas y descriptivas y un tanto renuentes a la crítica política. 

Tal vez el eje problemático central de su último libro, Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad (UNIPE, 2012) sea el estudio de las formas en que la medicina interviene ya no sólo en aquella vida afectada por alguna dolencia o enfermedad, sino también y de forma prioritaria, en su “normal desarrollo” para potenciarla. Piénsese, por ejemplo, en el auge de las cirugías estéticas, en el desarrollo de la industria cosmética, pero también en la proliferación de psicofármacos para aliviar el sufrimiento existencial o la venta de viagra para exacerbar la vida sexual, de forma tal que ésta logre acoplarse al imperativo de goce que irradian las pantallas; en el cultivo de células madres para fines aún desconocidos; en las campañas y leyes antitabaco, que no sólo han arrinconado al fumador en pequeños reductos para díscolos, ya sea en bares o aeropuertos, sino que lo han vuelto sujeto de consideraciones morales: fumar ya no sólo es malo para la salud sino que está “mal visto”. La lista es vasta pero lo que existe detrás de ella es la emergencia de lo que Rose llama la “ética somática” –y que responsabiliza al “individuo somático” respecto de su salud corporal futura– y el poder biomédico para intervenir en tan variados campos de la vida social, antes asociados a los mundos íntimos. Poder conferido por un nuevo tipo de saber (los desarrollos en el campo del genoma humano y la bilogía molecular) y una serie de técnicas asociadas a él que permiten manipular procesos básicos en los niveles moleculares, celulares y genético. Rose conversó con Ñ por Skype sobre estos temas. 

Usted señala que la medicina, que hasta hace poco se ocupaba de curar el cuerpo enfermo, se está transformando en una biomedicina, que actúa sobre el cuerpo sano, sus susceptibilidades y potencialidades. ¿Implica una transformación en la forma de concebir el cuerpo?

lunes

El placer en los tiempos de dieta

HEDONISMOS La oferta publicitaria dirigida a las mujeres gira en torno de la restricción y el alcance de un ideal que, lejos de estar relacionado con el placer, toca el filo de la escasez y el reemplazo de lo rico por lo diet. Por eso, mejor elegir siempre el pote verde e ir al baño seguido para llenar esa expectativa plagada de significantes que es la panza chata. De goce, disfrute y abundancia mejor no predicar nada que tenga que ver con lo femenino. Sin embargo, parece haber un camino histórico en que las mujeres festejamos chocando copas y tomando hasta el amanecer, comemos como nos gusta y gozamos del cuerpo que tenemos. Para tramar la historia y definir los destinos de las mujeres todavía parece necesario hacer una reivindicación del placer por el placer mismo, sin excluir nada: ni la comida ni la bebida, ni el sexo ni el amor.

De los griegos sabemos que eran animales políticos, que se juntaban en banquetes orgiásticos que duraban varios días y que fundaron las bases de la res publica de esa manera tan perfecta e ideal que la historia luego probó compleja de replicar, al punto de que lo suyo siempre es modelo y lo que vino después siempre pareció ser copia. También sabemos que amaban a los dioses y veneraban el cuerpo masculino, que quien no vivía en la polis no era ciudadano y por eso era un bárbaro, y que la esclavitud era necesaria para la buena vida. Pero poco se sabe del rol de las mujeres en esa sociedad tan iniciática y fundamental, donde desde Heráclito y Parménides hasta Zenón y Aristóteles fundaron las bases de buena parte de nuestro modo de ver el mundo. Sí se sabe que la madre de Sócrates era partera y que de ahí viene ese particular método que Platón le hace tener a su interlocutor de cabecera: la mayéutica o pregunta tras pregunta, hasta que quien responde “da a luz” un conocimiento nuevo. Pero sobre cómo daban a luz las griegas, cómo se relacionaban entre ellas mientras ellos se iban a la guerra y cómo se enriquecían de los mitos, sabemos poco, tal vez porque la historia, en general, está escrita por varones. La socióloga María Josefina Cerutti se propuso desandar ese camino y llegar a esas fiestas llenas de desborde y locura, una especie de carnaval de los sentidos que eran las celebraciones dionisíacas donde ellas bailaban hasta caer rendidas, comían como querían y tomaban todo lo que podían con tal de pasarla bien, algo que 2500 años después no sólo es difícil de rastrear en la bibliografía sobre una cultura tan determinante, sino que es casi imposible de concebir hoy como un ideal asociado a lo femenino. No por nada, Mirtha Legrand no prueba bocado de las delicias que hicieron de sus almuerzos, las tapas más vendidas de las revistas femeninas siguen siendo las dietas en sus versiones más remixadas y existen reality shows donde el objetivo es bajar de peso, incluyendo prácticas de tortura en pleno siglo XXI con tal de que los participantes se ajusten al canon de armonía que presupone el 90-60-90. Y las excepciones son justamente eso, excepciones. Porque si bien existe una Beth Ditto, la líder del grupo The Gossip, lo es a fuerza de mucha “onda” (característica que tiene que tener la gordita si quiere pertenecer), y sólo parece haber lugar para ella sola. Lo mismo pasa con las campañas para “mujeres reales” que impulsan marcas como Dove, Natura o Ver, excepciones que resaltan con amarillo flúo la silueta que hay atrás de todo lo demás: las heroínas de las series, las modelos de pasarela, la chica linda del curso y la buena de la novela de la tarde, todas ellas son flacas y ninguna se baja un porrón de cerveza o almuerza frente a la tele un plato de fideos bien cargado de queso con un vaso de vino sólo por placer: lo hace si está deprimida, como tan bien mostraron las chicas de Sex and The City. Cuando Samantha llega al cenit de su pareja más larga y la perspectiva de esperarlo desnuda servida como un plato de sushi es frustrada por la rutina, ella no para de tragar y los kilos de más son escudo para no acostarse con el vecino sexy. Sobre eso indaga la nutricionista Mónica Katz, abriendo el paradigma de las dietas de hambre para pasar a un plan de vida que incluya el placer de comer lo que nos gusta sin por eso bajar rodando como chancho de la montaña del exceso.

La anti dieta

“En una dieta de hambre, hay rebote”, dice Katz como un mantra que repite a todas las que se sientan en su consultorio. Pero sabe que la experiencia no es para cualquiera, porque ya vio varias veces cómo eternas dietantes acostumbradas a que la palabra NO sea la primera al rondar la heladera, la miran horrorizada cuando ella les propone comer lo que les gusta. No es el único mito que derriba, para ella no sirve contar las calorías, una comida tiene que ser lo que entra en el plato. Punto. Y ejemplifica de una manera muy astuta en el libro que cuenta su método No Dieta. Puentes entre la alimentación y el placer (Del Zorzal/Planeta): si Barbie fuera una mujer sería infértil, con esas medidas y esa altura una mujer de carne y hueso se habría privado de tantos nutrientes que no sólo no tendría energía para hacer el amor, sino que probablemente no podría tener hijos. Las mujeres pobres de India hoy comen 1400 calorías por día, en la hambruna de Holanda de los años ’40 se comían 1600, en el gueto de Lotz hasta 1200 y en el campo de concentración de Treblinka, 900 calorías diarias. De solo pensar que hay dietas que gozan de buena salud publicitaria que proponen 600 por día, basta entender que algo anda mal. “No podemos plantear que algo que históricamente se asoció al maltrato y la tortura, es un tratamiento para sentirnos bien”, dice Katz y explica el mecanismo por el cual el cuerpo no distingue que lo que está pasando cuando nos privamos de alimento es que estamos en un campo de concentración o queremos ponernos la mallita en el verano. En los dos casos, el cerebro hace lo mismo: se pone como loco porque tiene miedo que no ingresen más calorías, baja el gasto (es decir saca energía) y da la orden de hambre. El cuerpo es sabio, dice Katz en su libro, si da la orden es porque está en alerta, por lo tanto comer es una pauta para estar sanos siempre, pero más allá de eso, que puede ser una premisa médica, está el placer, que Katz asocia a la libertad de elegir. Su descubrimiento de la No Dieta se remonta a los ochenta, cuando trabajaba en el servicio de nutrición del Hospital Durand y se había especializado en diabetes. Allí las mujeres iban desesperadas para pedir una dieta que compensara el exceso de peso que les provocaba la insulina, sobre todo las llamadas diabéticas lábiles, aquellas que tenían controles glucémicos malos y que se internaban descompensadas con cetoacidosis, que es lo que se propone hacer hoy con algunas dietas que sacan completamente los hidratos: estar enfermas para bajar de peso. “Empecé a ver que entre los diabéticos lábiles muchas veces había mujeres jóvenes que además de diabetes querían un cuerpo cómodo, y empecé a darles a estas mujeres jóvenes un bombón de chocolate por día. Esto ahora puede parecer una pavada pero en los ’80 no se les daba azúcar a los diabéticos, entonces yo lo hacía sin contarle a mi jefe, era una práctica secreta. Las corregía con un poquito de insulina pero les daba ese permitido por día. Mágicamente les legalizaba el placer y las chicas se descompensaban menos, tenían mejores controles de glucosa. Ese fue el primer indicio de que algo estaba mal en la regulación de alimentos que dábamos. Ahí nace No Dieta”, dice y explica que si prohíbe todo, la paciente lo come igual pero a escondidas, y cuando tiene que subirse a la balanza no cuenta con esos falsos permitidos que se atracó a la madrugada entre tanta privación. “Lo de permitir es mágico, es liberador, hay días que no lo comen directamente, pero para decir que no a algo tenés que tener la posibilidad de hacerlo”, dice y desde su experiencia en consultorio entiende que hacer dieta es una cuestión de pertenencia en muchos casos. “Con mi equipo hicimos un estudio en universitarias/os de todo el país y concluimos que el 30 por ciento están a dieta permanente pero sólo la mitad de ellos lo necesita realmente. Estamos sometidos a ideales estéticos absolutamente radicalizados y la delgadez atraviesa todos los ideales. Qué psicótico es un mundo donde frente a una epidemia mundial de obesidad expone a la gente a imágenes inaccesibles para la mayoría: eso para mí es violencia de género”, dice, porque la mayor presión se ejerce sobre las mujeres y cuando aparece una exponente gorda es eso, una excepción. El mandato cultural es tan fuerte que no hace falta que nadie nos diga nada, vamos solitas” y ejemplifica con la actriz Nancy Dupláa, “una mina exitosa, con tres hijos, que ronda los 40, ¿qué más le piden que sea? Flaca como una modelo”.
Para Katz, hay dos tipos de mujeres: está la que de verdad está gorda, tiene complicaciones, dolores, diabetes, lo que ella llama una “obesidad médica”. “Pero después tenés un grupo de diosas que se sientan y dicen ‘tengo rollos’. Hace años yo era sincera, les decía ‘vos no necesitás dieta’ pero se iban de mi consultorio a la dieta de 600 calorías, a la semillita en la oreja, etcétera. Hoy con alguien que demanda tratamiento y no lo necesita trabajamos en eso, y le armamos un plan. Empoderamos a la paciente a través de ejercicios, listas de compras, etc. y después las largamos, pero para cambiar se necesitan 6 meses, en tres semanas no hacemos nada”, dice.
El plan de No Dieta se basa en dos elementos fundamentales: uno es que nacimos con derecho a comer rico. “Alguna gente llora cuando le digo esto y no lo hace, no pueden, le demonizaron tanto los dulces y los hidratos que piensan que son veneno. Por eso yo no soy comercial todavía, porque la gente no está preparada para que le digan ‘si tenés ganas merendá un paquete de papas, pero hacelo por placer, no para tapar otra cosa’. El otro pilar es llevar a cabo una dieta que les darías a una abuela, a una hija chiquita; si no se la darías a las que más querés, no sirve. Y también el tema clave: la cantidad: elegir rico pero lo justo.” El eje es el cambio, no la dieta, porque la dieta dura un tiempo pero el cambio dura, y la gente cambia su relación con la comida y el uso y abuso que se hace de la comida. “Las veces que comés para no decir, para no odiar, para no pensar, para no aburrirte. Es algo para observar. Después uso la balanza, pero no es el eje, y fue un aprendizaje, yo de joven felicitaba el peso, ahora no”, explica.
Para Katz el sobrepeso es un desorden de aprendizaje basado en la recompensa y el estrés: las personas sentimos cosas, la vida es malestar, llenar vacíos, etc. Cuando salimos de zonas de confort, buscamos volver, algunos lo hacen a través de sustancias, y otros a través de la comida, y la comida tiene un lazo tan fuerte con la infancia que es muy poderoso. “La huella que queda en el cerebro del pan con manteca, la torta de cumpleaños, los sandwiches de miga, etc. Son huellas en la memoria que me harán buscar lo mismo y está perfecto. No es que sea un camino a desandar, porque es una huella de placer, sino seguir el camino a conciencia, no en automático. Katz ejemplifica con la cantidad de veces que después de una pelea, en la angustia de un día de trabajo complicado o porque sí y sin pensar, comemos como termitas. “Comer por placer hace además que nunca te pases de banda porque el cuerpo sabe dónde parar.” Katz propone gimnasia, hobbies, meditación, que cada una haga lo que quiera pero que se asegure que le guste, le caliente y lo saboree en cámara lenta. “La educación no forma estimulando cosas que se hagan por placer: es resultadista en general, con lo cual las habilidades quedan un poco veladas. Mucha gente me dice “no comí y me calmé, o me fui a dormir o me deprimí” pero se dan cuenta de que no comieron y no pasó nada. Pero para eso necesitamos que la gente no se asuste frente a las emociones. Se puedan pelear, contestar mal, bajonearse y no tapar nada con comida”, dice. Que comer sea fiesta, desde una buena picada, una cerveza helada o un helado en pleno verano.
Para Katz comer es tan atractivo porque un pedazo de alimento es un pedazo de mundo que te metés adentro, y las personas decidimos muchas veces a través de la emoción; dice Katz que la mayoría frente a la góndola del supermercado va a lo rico, no a lo necesario. “La gente piensa que controla pero no es tan fácil, entonces a la hora de armar porciones lo que sirve es el método: si yo te digo que a una ensalada le pongas una papa, la levantás, o si te habilito a comer un tostadito a media tarde, probablemente la perspectiva sea mucho más emocionante que la imagen del apio que tanto les gusta a las revistas de moda. De esa manera tengo allanada la toma de decisiones: comer de todo pero en porciones moderadas. El día de que las empresas se aviven de eso van a ser mucho más vendidas. Hay algunas pocas que ya lo hacen: 20 gramos de chocolate, un paquete de dos galletitas, paquetes de papitas de 25 gramos... No son nutritivas, pero yo la nutrición te la doy en las comidas, acá te dejo la porción del disfrute.”

Revalorizar el placer

En Ni ebrias ni dormidas (Planeta), la socióloga María Josefina Cerutti hace un recorrido histórico por la ruta del vino y las mujeres en esa tradición siempre velada que las descuenta de la historia. “Para mí fue fundamental remontarme a los griegos. Decir que la tierra es la Madre Tierra es hablar en términos masculinos, son los hombres los que lo dicen, pero jamás se acuerdan de una cosechadora, de una enóloga, de las mujeres reales que formaron parte de la historia del vino”, explica y aclara que las bodegueras sí fueron visibilizadas pero porque involucra la parte capitalista del negocio del vino. Desde que existe la industria vitivinícola las mujeres cosechan y esto es muy importante porque nadie las nombra. El atado del viñedo lo hacen históricamente las mujeres porque es algo muy difícil de hacer, hay que tener las manos chiquitas y cierta habilidad, pero las menos nombradas son tal vez las más fiesteras: las dionisíacas. Ellas eran salvajes y maternales pero estaban al servicio de Diónisos, el dios del vino, eran como todas las amantes de un Don Juan. Y estas mujeres, lejos de ser pasivas vedettes que giran en torno del falo, se reunían en los montes, se drogaban, hacían orgías entre ellas, se ponían estimulantes genitales para excitarse. Diónisos fue el único dios que se convirtió en hombre, andaba entre Tebas y Atenas y hacía su aparición en las fiestas, que las había de todo tipo y para todo gusto: fiestas más sexuales, fiestas de colonización, fiestas de hombres, fiestas de mujeres... “El vino para ellos era además el alimento por excelencia, pensá que cuando llegaban a un lugar plantaban viñedos, así que los productores de vino debían ser los primeros interesados en que se hicieran estas fiestas, donde las mujeres tenían un rol fundamental, de agite, de reunión y de belleza. Cuando llegan los romanos y se acaba la fiesta, las mujeres dionisíacas van quedando en el mundo rural, y de ellas vienen las brujas de la Edad Media, que fueron totalmente perseguidas. Pero cuando se empezó a tener esa connotación tan negativa de las brujas y se las empezó a perseguir y matar, la gente del mundo rural se quedó sin referentes, no tenían quién los curara y se empezaron a morir sin esa sabiduría de estas mujeres. Ahí hace su gran entrada el catolicismo y su proceso de evangelización, pero la persecución de mujeres jugó un rol fundamental en cómo seguimos siendo consideradas hoy en día”, dice.
Siglos después, cuando se organizaron las casas reales, se vuelve la mirada a Grecia, pero ya no eran los campesinos que podían disfrutar de la fiesta: el poder de la fermentación estaba concentrado en la clase alta, los señores feudales y la Iglesia. Ahí aparece la figura de Lucrecia Borgia, las fiestas donde el vino organiza y se vuelve un producto sofisticado. Borgia era famosa porque su padre la usaba para que matara a sus enemigos dándoles vino con veneno. “Le ofrecí educadamente la copa de Borgoña púrpura. Me sonrió. Tras un brindis dirigido definitivamente a mi sexo, Allatri se terminó el vino de un solo trago”, dice Lucrecia y explica que fue su padre quien le mostró las mieles del vino en una escena que describe coqueteando con el incesto. “Papá me tomó en sus brazos y volvió a besar mis labios, saboreé el alcohol del dulce moscato del almuerzo en ellos.” Borgia y las dionisíacas son parte de esas subversivas que la pasan bien en la historia que cuenta Cerutti porque eran mujeres que elegían con quién acostarse, por ejemplo. “De las hetairas se dice que eran las prostitutas de Grecia pero para mí no era así: eran minas que la pasaban bomba, que se juntaban y hacían lo que querían, entre ellas o con los hombres. Las etruscas les ponían su apellido a los hijos y tomaban vino pero eran menos dionisíacas y más matronas, con una actividad económica sin tanto descontrol. Las mujeres hasta el día de hoy nos pensamos desde esa mirada masculina que manda que no tenemos que emborracharnos, de hecho una sommelier me ha dicho ‘nadie puede decir que me ha visto borracha’ como si fuera algo malo. Mi idea es desarmar esa mirada.”
En el libro también da cuenta de la Veuve Clicquot, la gran dama del champagne, un producto de la contrarrevolución. “Ella pertenecía a esas burguesías que querían ser nobles y cuando cae la Revolución Francesa se tiene que camuflar para que no la mataran. Después se casa con un hijo de nobles que tenía viñedos y cuando él se muere, ella empieza a descubrir el champagne.” No por nada a las mujeres nos encanta el champagne, pero lejos de visibilizar esta historia de su nacimiento, algunas marcas crean champagnes en versión “rosa” para nosotras.
Aquello de la “reina de la vendimia”, “la reina de la manzana”, es citado por Cerutti para preguntarse por el valor de esa figura, tan estática e idealizada que saluda con la manito desde la carroza y se despoja de todo lo humano que tiene esa mujer “elegida”. Esa imagen que hoy persiste en las publicidades asociada a la reina soporífera, que desfila como princesa pero no la pasa bien (y además es acusada de tonta) es el origen de esta investigación que bucea en el alma femenina y propone no quedarse en la ebriedad pero tampoco en los laureles de la bella durmiente. Respecto del presente del vino, Cerutti cuenta que en Europa es mayor el avance de la mujer. “Producen con técnicas biodinámicas. También descorchan en casa, toman solas. (...) Según la última encuesta que se hizo para el proyecto El Vino Argentino, la participación de la mujer en el consumo es potencial. Pero hoy parecería que, desde la comunicación y según los intereses de mercado, el consumo de vino está dirigido al hombre.” Por eso Cerutti propone salir de esos esquemas que intentan mercantilizar el consumo, siendo que a las mujeres nos pueden gustar los vinos más agresivos y, por qué no, emborracharnos en público sin temor, como ella vio tantas veces en las mujeres de su familia, ya que además de emborracharnos, el alcohol propicia el encuentro y “suelta” más de un alma rígida. Cerutti viene de una familia productora de vinos de Mendoza y no tiene registro en su memoria de una época en la que no tomara vino rebajado con soda, así que la imagen de la mujer siempre estable, siempre elegante y con una copa en la mano sólo de adorno le resulta ridícula al lado de su propia tradición, que ponía a los niños a dormir con un chupete humedecido en “la sangre de Cristo”.

martes

Los atracones

La compensación de problemas emocionales y las dietas restrictivas son algunas de las causas de los atracones, conducta riesgosa para la salud física y psíquica. Hoy, el tratamiento recomendado es psiconutricional.
Por: Marian Durao

Cada vez más personas padecen en relación al comer y a su imagen corporal, y este malestar no se encuentra reflejado en el campo de los trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia.
foto: gettyimages.com
En el transcurso de los últimos años, ha ido creciendo la demanda de un cuadro que presenta ciertas características y que se conoce con el nombre de Binge eating o Trastorno por atracón.
La sensación de frustación que produce la pérdida de dominio en la ingesta se refleja en frases como las siguientes: “Cuando estoy frente a la heladera no puedo parar de comer todo lo que encuentro”, “Cuando empiezo, hasta que no termine de comer todo el paquete no paro”, “Es como si la comida me dominase a mi”, “Si algo me salió mal, voy directamente a comer todo lo que encuentro” y “Siento que estoy fuera de control”.
No todas las personas que comen demasiado en algunas ocasiones padecen este trastorno. 

Para poder diferenciarlo, debemos reconocer algunos de los siguientes aspectos:

- Ingesta de grandes cantidades de comida, aun sin hambre real. La ingesta es impulsiva y descontrolada.
- Comer mucho más rápido que lo normal y hasta estar incómodamente llenos.
- Sensaciones de pérdida de control: no poder parar de comer, no controlar lo que se come ni cuánto se come.
- Comer a solas por la vergüenza que genera la cantidad de comida ingerida y la voracidad con que se la ingiere.
- Sentir malestar, enojo, autodesprecio  o culpa después de un atracón.
- Cambios frecuentes de peso.
- No hay conductas compensatorias (vómitos autoinducidos, ejercicio intenso, etc.), pero sí una gran preocupación por estar delgados.
- Baja autoestima, sensación de ineficacia, soledad y vacío.
Ante todo, es importante tener un diagnóstico claro. Hay “atracones objetivos” y “atracones subjetivos”.
Los primeros se caracterizan porque la persona ingiere una cantidad de comida superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar.
Hay pacientes que han relatado ingerir entre 15.000 a 20.000 calorías de una vez. En los “atracones subjetivos”, las personas no comen realmente en exceso pero tienen la sensación de haber perdido el control de su ingesta, con la consecuente presencia de sentimientos de culpa, vergüenza y desprecio a ellas mismas. Hay diferencias en el tratamiento según el tipo de atracón.
Hoy está demostrado científicamente que el tratamiento de este tipo de disfunción del comer es recomendable que esté a cargo de un equipo interdisciplinario de profesionales, ya que el componente psicológico tiene un peso muy importante, y frecuentemente el Trastono por Atracón se asocia a trastornos emocionales.
Es importante que el paciente pueda establecer el cambio alimentario a través de un razonamiento cognitivo.
La sobrevaloración de la delgadez y el control de la ingesta hace que algunas personas se somentan a dietas estrictas que son precursoras de los atracones.
Los atracones se asocian especialmente a momentos de hambre y excesiva restricción. Si el paciente puede entender cómo se "arma" la situación del atracón es probable que pueda comenzar a desarrollar conductas alternativas más saludables.

Dietantes crónicos
Las personas que padecen este trastorno no presentan conductas compensatorias como vomitar, tomar laxantes, etc., como sucede en la anorexia subtipo purgativo o en la bulimia nerviosa, pero sí realizan reiterados intentos de dietas restrictivas.
Está demostrada la relación entre la restricción y la presencia de atracones. Estos desórdenes y la angustia de producen dan lugar a que el "reordenamiento" sea cada vez más difícil y la persona tienda a convertirse en dietante crónico.
Es importante poder discriminar entre la real necesidad fisiológica de comida y el comer más ligado a lo emocional. Muchas personas recurren a la comida como una manera de enfrentar y lidiar con emociones negativas y, a veces, también con emociones positivas, como por ejemplo, comer por estar muy contento o eufórico. Identificar y registrar ante cuáles situaciones, emociones o personas se desencadenan los atracones es el primer paso para desarrollar una relación más amigable con la comida. 

Dos veces más veloces
Un dato a tener en cuenta es que las personas que suelen tener atracones comen al menos dos veces más rápido que quiebes no los padecen.
Durante un episodio de atracón apenas se mastica, se toma mucho líquido para ayudar a tragar los bocados, lo cual contribuye a la sensación de hinchazón, tan característica de una atracón.
Es importante que el paciente pueda trabajar desde el abordaje psicológico la ansiedad, el estrés, el aburrimiento o la depresión que pueden desencadenar un episodio de atracón, así como sus consecuencias, reflejadas en sentimientos de culpa, enojo y vergüenza.
No olvidemos que, desde el punto de vista de la salud, los atracones aumentan el riesgo de hipertensión arterial, colesterol alto, afecciones cardíacas y diabetes mellitus tipo II, entre otros.
Desde lo psicológico, los sentimientos negativos hacia sí mismo se reflejan en patrones de aislamiento y baja autoestima, con consecuencias en todas las áreas de funcionamiento de la persona.
Existen tratamientos psiconutricionales de probada eficacia que trabajan con intervenciones destinadas a la modificación de conductas y creencias que aumentan la sensación de descontrol y desregulación emocional y que generan tanto malestar en quienes padecen este trastorno.
 

lunes

Nuevos trastornos alimentarios: pregorexia, diabulimia, atracón de alcohol

En los últimos diez años se amplió el abanico de trastornos alimentarios que sufren quienes, obsesionados con su imagen, se someten a dietas peligrosas. ¿Qué son, la pregorexia, la diabulimia y el atracón de alcohol?

Por: Florencia Vidal
Cuando Karen Carpenter murió en 1983 a los 32 años, el mundo tomó conciencia de una enfermedad desconocida para muchos fuera del ámbito médico. La autopsia determinó que la muerte de la cantante y baterista estadounidense había sido por causa de complicaciones cardíacas derivadas del trastorno alimentario que padeció durante casi una década: la anorexia nerviosa. Desde entonces, fue creciendo tanto la información acerca de esta patología como de la bulimia nerviosa, ambas conductas asociadas a la necesidad de lucir delgados más allá de lo saludable. Así también fueron aumentando los casos de quienes, insatisfechos con la imagen que les devuelve el espejo, se someten a dietas alimentarias restrictivas, obsesivas y peligrosas.
Si bien durante estos años, tanto la anorexia como la bulimia nerviosa fueron los trastornos alimentarios más conocidos por su incidencia en la población y por su tratamiento en los medios, hoy también se conocen otros desórdenes como el atracón de alcohol, la pregorexia, la diabulimia, la orthorexia y la vigorexia.
En el libro Los nuevos trastornos alimentarios, su autora, la médica psiquiatra Juana Poulisis, explica que se trata de diversas conductas que, si bien aún no fueron reconocidas oficialmente por el discurso médico académico, se están viendo en las consultas de manera cada vez más reiterada desde hace diez años y sobre las que los medios de comunicación han comenzado a alertar.
Existen factores psicológicos, biológicos e interpersonales que predisponen en una persona el desarrollo de un trastorno de este tipo. Entre los rasgos psicológicos se presenta la preocupación excesiva por el peso y la figura, la baja autoestima y la distorsión de la imagen corporal, entre otros. En cuanto a lo interpersonal, se trata de individuos que tienen dificultad para expresar sus emociones y sentimientos, que tienen historias de abuso físico, emocional o sexual, que fueron ridiculizados de chicos por su apariencia o que son hijos de padres bebedores con dificultad para controlar sus impulsos.
Para Poulisis es la sociedad, pero también son las familias quienes están gestando personas insatisfechas con sus propios cuerpos. Hoy es común ver en los gimnasios propuestas dirigidas a chicos de 13 a 18 años para hacer musculación. "Esto está contraindicado porque a esa edad un adolescente está creciendo y porque los obsesiona. Ese cerebro está muy vulnerable. Y lo peor es que son los mismos padres quienes los autorizan", afirma la médica.
Hay estadísticas que sostienen que si los chicos mandan más de 200 mensajes por día, están más de una hora jugando con las consolas y manejándose en las redes sociales tienen más tendencia a futuro de caer en el abuso de alcohol, en trastornos alimentarios o en cuadros depresivos porque se generan circuitos alterados a nivel cerebral y aparecen los trastornos de ansiedad.
Los trastornos alimentarios están instalados desde hace muchos años, pero la manera de tomar en forma de atracón no se veía hasta hace diez. Entonces, se unieron la enfermedad de trastorno alimentario con esta moda de tomar alcohol en forma de atracón. Hace quince años el escenario era otro. Hoy, la previa es una especie de ceremonia donde se le rinde culto al alcohol. En su libro, Poulisis sostiene que las chicas que padecen problemas alimentarios se plantean que no van a comer porque se ven gordas, pero no se plantean que el alcohol engorda porque tiene calorías. Con el alcohol es más intenso el pensamiento de me va a desinhibir y va a hacer que no piense.
La pregorexia o los trastornos que se dan durante el embarazo y la crianza ponen de manifiesto hasta dónde puede llegar el nivel de obsesión por el cuerpo. En este sentido, no puede dejarse de lado la observación de qué consecuencias puede traer en los niños la presencia de estos trastornos en sus madres y qué posibilidades tienen de desarrollar una patología similar a futuro. "Tuve pacientes que tenían conductas tremendas para con sus bebes como el diluir la leche con agua para que la bebe no engorde. Hace poco una paciente me preguntó si era verdad que a su hijo podía hacerle una tostada con manteca. Hoy, las nenas de 6 años comentan que tienen panza, y sí, es normal que la tengan porque todavía son un poco bebotas con el abdomen abultado", explica. Los chicos no hacen más que repetir lo que escuchan todo el tiempo de sus padres o de los adultos que los rodean, quienes sin importar la edad, no escapan a frases del tipo tengo panza, mañana no como.
En cuanto a las medidas que pueden tomarse para prevenir estas enfermedades, hay una investigación que habla de los beneficios de compartir una comida por día en familia. Esta sola conducta disminuye la probabilidad de desarrollar un trastorno de este tipo. Entonces hablamos del contacto, del encuentro, de la charla, de apagar la televisión y los celulares. También es fundamental que los padres forjen la autoestima en sus hijos. Es bueno que los chicos puedan tener determinados logros como el aprender a andar en bicicleta, pues la autoestima es uno de los factores determinantes en el desarrollo de los trastornos alimentarios.
Los estereotipos de delgadez promovidos por los medios deben ser contrarrestados forjando en los chicos un pensamiento crítico. Explicarles, por ejemplo, que las fotos de las publicidades están retocadas o photoshopeadas, que no se trata de imágenes verdaderas. Hay que transmitirles también que no todo pasa por la imagen y que hay otros valores que los hacen menos vulnerables a los dictados de la moda. "A veces les pido a mis pacientes -dice Poulisis- que me cuenten qué cosa linda les pasó esa semana, y en general eso que me cuentan no tiene que ver con que si bajaron o no de peso, tiene que ver con que se encontraron con su hijo y tuvieron una hermosa charla."

ATRACON DE ALCOHOL

Rasgos característicos:
Combinación de trastornos alimentarios (bulimia, anorexia) con el abuso de alcohol. Con frecuencia, este trastorno se asocia con conductas purgativas como vómitos, uso de diuréticos, laxantes, anfetaminas y, en casos extremos, cocaína.
Consecuencias:
Riesgo de padecer un coma alcohólico que lleve a la muerte. Déficit de vitaminas y minerales que llevan a un estado de cansancio crónico. Intoxicaciones. Alteraciones cerebrales irreversibles. Alteraciones de la conducta y de la actividad cerebral. Problemas con el ritmo cardíaco. Alteraciones de las relaciones interpersonales, del rendimiento académico. Prácticas sexuales de riesgo. Conducción temeraria bajo los efectos del alcohol.
Testimonio de Sofía:
"Como me aterraba aumentar de peso, el día que salía no comía y tomaba como mínimo tres tragos, bastante rápido, cosa de sentir el efecto. Un día, al cuarto trago me caí redonda, sólo recuerdo abrir los ojos en el hospital, con un suero en el brazo y mi madre llorando. Había sufrido un coma alcohólico. Hoy estoy haciendo un tratamiento para mi problema con la comida y el alcohol. Me llevó cuatro años tomar conciencia."

LA MATERNIDAD Y LOS DESORDENES ALIMENTARIOS

Rasgos característicos:
La pregorexia es el trastorno alimentario que afecta a las mujeres embarazadas que presentan conductas alteradas para mantener su peso corporal. Se puede incurrir en la restricción de calorías y nutrientes, la realización de ejercicio extremo y la combinación con atracones y purgas.

Consecuencias:
Diabetes gestacional debido a ingestas compulsivas. Hipertensión. Disminución en el volumen de líquido amniótico. Deshidratación. Bradicardia y arritmias. Desprendimiento placentario. Aumento de la probabilidad de complicaciones durante el parto. Aumento de la probabilidad de fallecimiento del bebe durante el primer mes de vida. Bajo peso del bebe. Bajos valores de Apgar al nacer. Aumento de la probabilidad de retraso mental en el bebe. Insuficiencia respiratoria del bebe. Alteraciones neurológicas. Déficit de atención con hiperactividad.

Testimonio de la mamá de Abril:
"Mi hija ya tenía dos años y un día. Cuando comenzó a hablar me dijo que yo nunca comía. Yo nunca me sentaba a comer con ella, seguía salteando las comidas como veinte años atrás. Por imitación, Abril un día comenzó también a comer menos. Al ver esto, sentí que debía impedir que ella repitiera mi historia."

DIABULIMIA

Rasgos característicos:
Es la asociación entre dos patologías: la diabetes tipo 1 (insulino-dependiente) y un trastorno alimentario.

Consecuencias:
Neuropatía periférica (gangrenas, pié diabético). Insuficiencia renal crónica. Disfunción eréctil. Deterioro en la visión y ceguera. Hipertensión.

Testimonio de Mariana:
"Cuando a los 15 años me diagnosticaron DBT tipo 1, el médico me explicó que el tratamiento para esta enfermedad era la insulina junto con un plan alimentario adecuado. Si comía de más, mi glucemia aumentaba, si comía de menos, padecía de hipoglucemia. Pero como ciertas zonas de mi cuerpo no me gustaban, quería perder peso. La cantidad de hidratos de carbono y calorías que contenían los alimentos y mi cuerpo pasaron a ocupar un espacio fundamental en mi vida. Realizaba ayunos prolongados, luego presentaba atracones. Esto me produjo dos internaciones. No me daba cuenta de que esta conducta atentaba contra mi vida."

ORTHOREXIA NERVIOSA

Rasgos característicos:
El término deriva del griego y significa orthos, lo correcto, y orexi, apetito. Literalmente representa hambre por la comida correcta. Comienza como un inocente intento por mejorar la calidad de la alimentación, pero con el tiempo aparecen las obsesiones sobre qué se debe comer y qué está totalmente prohibido.
Consecuencias:
Las dietas vegetarianas estrictas y prolongadas pueden causar un déficit de vitamina B12 (presente en carnes, pescado, huevos y leche) esencial para la producción celular. Esto puede provocar un deterioro neurológico severo, deficiencia en la producción de las células de la sangre y daño progresivo del sistema nervioso central. Este daño es más severo en menores de 2 años, ya que en esta etapa el desarrollo neurológico es crucial.
Testimonio de Verónica:
"Soy vegana, sólo como verduras, frutas y algo rico, como una gelatina light. Si comía un postre me sentía muy mal e iba directo al baño a vomitarlo. Con cada comida me miro al espejo y no me gusta lo que veo, pero no puedo evitarlo, es más fuerte que yo. ¡Desearía poder vivir del aire!"

TRASTORNO POR ATRACON

Rasgos característicos:
Ingesta de grandes cantidades de comida en episodios aislados y en cortos períodos. Sensación de pérdida de control sobre la conducta alimentaria. La compulsión a comer sobreviene aun cuando no se siente hambre. Se hace en secreto. Luego del episodio se experimenta culpa, enojo y vergüenza. Sensación de ineficacia, soledad y vacío. No se utilizan recursos como las purgas para compensar las sobreingestas. Con frecuencia, se asocia a otras patologías psiquiátricas como los trastornos de ansiedad y afectivos (depresión mayor, distimia y trastorno bipolar).
Consecuencias:
Hipertensión arterial. Obesidad. Colesterol alto. Enfermedades cardíacas. Diabetes mellitus tipo II. Enfermedades biliares.

Testimonio de Gabriela: "No tengo buenos recuerdos de la adolescencia. La viví con mucho miedo e inseguridad. Me sentía fea e inútil. Me sentía muy sola. Para calmar mi desesperación iba a la cocina y me preparaba grandes banquetes de comida, especialmente dulces. Todo lo que me prohibía en períodos de dieta, lo comía en una hora o menos. Me aseguraba de no dejar rastros. Cuando mis padres regresaban todo estaba ordenado".

VIGOREXIA O DISMORFIA MUSCULAR

Rasgos característicos:
En una primera etapa fue definido como anorexia reversa. Se busca aumentar la masa muscular y definir los músculos para tener un cuerpo fuerte y voluminoso. Se aíslan de su entorno por sentirse inseguros con su imagen y evitan socializar fuera de los lugares de entrenamiento. Consumo de anabolizantes para aumentar la masa muscular.

Consecuencias del consumo de esteroides anabólicos:
Disminución del tamaño y atrofia testicular. Disminución en el recuento de esperma. Impotencia. Desarrollo mamario. Esterilidad. Osteoporosis. Lesiones en tendones. Hipertensión arterial. Incremento en los niveles de colesterol. Anomalías cardíacas. Edema y daño renal. Hipoglucemia. Compromiso del sistema inmunológico. Daño hepático. Cáncer de hígado y próstata. Tumores renales y cerebrales. En las mujeres aparecen alteraciones del ciclo menstrual, la voz adquiere un timbre masculino, crecimiento del vello facial y ronquera. Cambios de humor, insomnio, adicción, depresión mayor.

Testimonio de Juan:
"Después de ver los cuerpos marcados de varios de mis amigos comencé a angustiarme por mi imagen. Elegí un gimnasio y comencé con una rutina de pesas. El profesor me enseñó a medir mis músculos y me aconsejó tomar suplementos dietarios. Por nada del mundo perdía una clase de entrenamiento porque me angustiaba, me sentía culpable y al mismo tiempo sentía vergüenza por esta conducta que me aislaba cada vez más de mis seres queridos."

La mesa de los argentinos: ¿qué comemos?


Del culto a la delgadez al aumento de la obesidad. ¿Qué comemos? ¿Qué alimentos elegimos? ¿Cómo cambió la mesa de los argentinos? ¿Qué tuvimos que dejar de comprar? ¿Por qué comemos tanta carne?
Todas las claves para comer bien con poca plata, el delivery versus la comida casera y sobre los ricos flacos y los gordos pobres.
Invitados: Patricia Aguirre, Narda Lepes, Mónica Katz, Sergio Britos, Roberto Dvoskin y Pietro Sorba.

jueves

Sexo y obesidad

La obesidad origina numerosos inconvenientes en la vida sexual de hombres y mujeres, incluidos problemas de infertilidad

La obesidad disminuye la libido y contribuye a sufrir de deseo sexual inhibido.  Más allá de lo que la imagen física pueda expresar, los complejos o inseguridades, los factores químicos que interrumpen el sexo son los más importantes de considerar.
La química de la falta de deseo
No es sólo una cuestión de imagen: más allá de que la persona obesa sienta vergüenza de mostrar su cuerpo, tenga complejos o esté insegura; hay factores químicos que influyen en el deseo. La grasa entorpece la circulación sanguínea y produce problemas hormonales como la baja producción de testosterona
El exceso de grasa afecta en la producción de hormonas responsables de despertar ese instinto sexual que ha asegurado la supervivencia de la raza humana. La testosterona es la responsable del desempeño sexual tanto masculino como femenino.
Una hormona llamada DHEA es la encargada de controlar el estrógeno y la testosterona: si una persona tiene un sobrepeso considerable, su DEHA hará más estrógeno y menos testosterona. En otras palabras, la grasa hará que tenga menos hormonas de las que producen deseo y más de las que traen aparejada una falta absoluta de ganas de entrar en contacto corporal con otras personas. 
El sobrepeso impacta sobre la libido por una cuestión hormonal, pero también por otros factores, por ejemplo altos niveles de estrés. 

Debido al aumento de la masa corporal y los tejidos que el corazón debe oxigenar, las personas obesas tienen que enfrentar la hipertensión como una complicación que desarrollan y que aumenta el compromiso cardiovascular. Por ende, la vitalidad disminuye lo cual termina por ocasionar una baja de la resistencia y el vigor que mantiene activo al hombre durante sus relaciones sexuales.
Aunado a estas causas orgánicas, los cambios que surgen en la motivación sexual ocurren debido a una significativa disminución que se observa en la libido y, por ende, a la forma cómo se sustituye el deseo sexual por el placer de comer compulsivamente.
 
  
Obesidad y fertilidad
La obesidad también conlleva trastornos de ovulación y alteraciones importantes en el sistema endocrino asociado a la reproducción. Muchas pacientes con problemas serios de sobrepeso sufren alteraciones en su ciclo menstrual: no ovulan, no tienen menstruación o ésta es irregular. Todo ello genera, a su vez, problemas de infertilidad. También se relaciona el síndrome del ovario poliquístico con el binomio obesidad e infertilidad.
Este trastorno implica anovulación (falta de ovulación) o disminución de la ovulación, ovarios con multitud de quistes, niveles desequilibrados de andrógenos (hormonas sexuales masculinas) y, en un 50% de las afectadas, obesidad. Por este motivo, los especialistas, ante situaciones de infertilidad asociada a obesidad, insisten en adoptar medidas para los kilos de más antes de intentar quedar embarazadas, sobre todo ante casos mórbidos o premórbidos, cuando la relación del índice masa corporal supera la cifra de 35.
También en las mujeres obesas el exceso de grasa corporal impide la exploración correcta de las mamas y, según los especialistas, podría ser que una pequeña tumoración pudiera pasar inadvertida hasta que fuera un poco mayor.

COMPLICACIONES FÍSICAS
Disminución de la flexibilidad.
Fatiga frente al esfuerzo, respiración agitada, taquicardia.
Volumen de grasa corporal que impide el contacto genital.
Dificultad anatómica para posturas sexuales.

COMPLICACIONES PSICOLÓGICAS
Sentimiento de inferioridad.
Depresión.
Descuido general. Falta de interés en cuidarse y acicalarse, dificultad para encontrar la ropa adecuada.
Inhibiciones. Los obesos casi siempre tienen vergüenza de mostrarse porque se sienten menos atractivos.
Aparición de una sensación de rechazo (real o imaginario) por parte del otro.
En general la obesidad puede representar una doble problemática: desde el punto de vista de la salud y de la estética.

Algunas mujeres evitan los encuentros eróticos para "que no las vean así", y de tal manera ocultan su cuerpo, no deseando que los compañeros las observen desnudas; también hay mujeres en quienes la "gordura" es un mecanismo de defensa para evitar los encuentros afectivos y eróticos: "como estoy gordita no puedo entablar un vínculo", cuando la dificultad es previa al sobrepeso.
O sea que las relaciones sexuales se dificultan por vía indirecta:
Baja autoestima, rechazo a su propio cuerpo y al compañero, sentimientos de desvalorización ("sé que a él no le gusta más mi cuerpo", suelen decir), lo que muchas veces se trasunta en una disminución de la libido y un deseo sexual inhibido. En el varón no incide tanto  lo estético pero sí en la mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, debido a que carece de la protección estrogénica propia de la mujer y, por otro lado, a los factores socioculturales que pesan sobre ellos.
La obesidad es una de las causas que oponen una mayor resistencia al corazón y a las arterias constituyendo un factor de riesgo para la hipertrofia cardíaca, las enfermedades coronarias, la disfunción sexual y la hipertensión arterial. Nuestro aparato cardiovascular está diseñado para una determinada superficie y peso. Cuando estos se hacen mayores a un 20% (lo que constituye la obesidad franca) le ofrecen una pared por delante y el corazón se esfuerza. Respecto al peligro en las relaciones sexuales el consenso es más o menos claro: una persona con varios factores de riesgo cardiovascular puede padecer un episodio desagradable si, p.ej., al subir dos pisos por escalera a paso rápido (esfuerzo similar al de un coito) presenta dolor en el pecho o fuerte fatiga (sensación de falta de aire marcada). Ahora, si este obeso puede hacer ese esfuerzo o más (algunos hacen danzas, gimnasia aeróbica, fútbol, tenis) sin síntomas, no habría este tipo de problemas con las relaciones sexuales.
Obviamente que si aparecen palpitaciones o le sube la presión arterial (detectado a veces por fuertes dolores de cabeza ubicados generalmente en la nuca) debería suspender el acto.

Considerando los factores anteriormente expuestos, la experiencia sexual de muchas personas obesas se acerca más a un acto extenuante y lleno de culpa, que placentero; y progresivamente se tiende a evitar la intimidad o se exige mantener relaciones sexuales “en la oscuridad” con el fin de ocultar el cuerpo, entre otras conductas frecuentes. Sin embargo, todo esto que parece irreversible puede ser modificado positivamente. La importancia del peso corporal en relación a las actividades en general y a las actitudes sexuales en particular, es una de las razones por las que debe considerarse la posibilidad de su tratamiento terapéutico complementario en los planes de adelgazamiento.
De esta forma, quienes tienen una sexualidad perturbada podrán realizar un trabajo tendiente a mejorar la imagen del propio cuerpo a medida que adelgazan, algo fundamental dado que la meta no es sólo la pérdida de kilos, sino ante todo la necesidad de mejorar la calidad de vida.

 

Ratings and Recommendations by outbrain